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Viaje inaugural AVE Madrid-Alicante.

Viaje inaugural AVE Madrid-Alicante.

Escribo estas líneas en el preciso instante que una pléyade de políticos de medio pelo, un príncipe y toda su legión de asesores participan en un pomposo acto en la Estación de Ferrocarril de Alicante, a cuenta de la inauguración del supuesto AVE entre Madrid y Alicante. La noche anterior a este sainete me dí un paseo por la citada Estación, me acordé de Ibáñez y sus personajes Pepe Gotera y Otilio, y sobre todo me acordé de mi abuelo, de Santos y su botijo.

Antes de hablar de lo que quiero hablar, y para contextualizar el asunto, permítame amable lector que reproduzca un artículo que publiqué en La Verdad, allá a mediados de los años 90, cuando tanto el periódico como mi abuelo tenían la vida que más tarde perdieron:

EL BOTIJO DE SANTOS

De pequeño, mi abuelo me llevaba durante todos los veranos -todos los días sin falta- a la Estación de Ferrocarril de Almansa. La hora de aquel entrañable paseo, cuando caía la noche, la hacía coincidir con la llegada de uno de aquellos viejos expresos, de raquíticos y malolientes compartimentos y velocidades no superiores a los 70 u 80 kilómetros por hora. En esas noches de julio y agosto, además de nosotros dos, el Jefe de Estación, nuestro perro Bombardino y algún que otro viajero, siempre estaba por allí, en el andén, el bueno de Santos con su botijo.

El tren podía parar hasta veinte minutos y para aquellos viajeros menos pudientes que no podían apearse más que a orinar, pero no pisaban la cantina, Santos recorría todo el andén, vagón por vagón, ofreciendo su botijo con agua fresca -muy de agradecer en esa época del año- y por el servicio recibía la voluntad del personal. Esa era la forma de vida y yo todas las noches le ayudaba en su tarea.

Han pasado algunos años, no muchos, y el cambio ha sido espectacular. Pocos trenes paran en Almansa, casi ninguno, la mayoría pasan como flechas y Santos se quedó sin trabajo. La antigua Estación y su cantina desaparecieron, ardieron en una tórrida noche de verano en un gran incendio, y fue sustituida por una más chica y funcional donde dejaron de parar expresos y donde dejó de aparecer Santos y su botijo.

Hoy no tengo ni idea que fue de Santos, ni de su botijo, Bombardino se murió hace mucho y mi abuelo está muy mayor y sigue empeñado en vivir junto a su Estación y en darse paseos por aquellos andenes de trenes fantasmas.

Y mientras todo eso pasa, en pueblos y ciudades como Almansa, en otros municipios como Albacete, políticos de tercera juegan a pedirnos a los Reyes Magos de Oriente un AVE porque hemos sido buenos y porque quieren un voto. Sería buenos recordarles, por ejemplo, que la comunicación entre las principales poblaciones de Castilla-La Mancha por tren sigue siendo de aquello tiempos del botijo de Santos y las infraestructuras presentes todavía son ampliamente mejorables.

Algunos de éstos que ahora reclaman el AVE con furor, como el paradigma de una modernidad mal entendida, no se merecen ni el botijo de Santos.

Y vuelvo a la realidad, hoy, día grande de inauguración por políticos, príncipes y asesores de medio pelo, me acuerdo de aquellos paseos con mi abuelo. La cercanía de aquella casa junto a la Estación, la observación infantil de los trenes, los viajeros, las explicaciones sobre lo que era una catenaria, un factor, los cambios de vía, las mercancías, etc, etc, me llevaron a interesarme mucho más tarde por esta infraestructura tan importante, permitiéndome la ‘frikada’ de hacer un trabajo de fin de Máster en el Centro de Estudios Europeos de la UCLM, sobre lo que se venía barruntando en este complejo, apasionante y manipulado mundo de la alta velocidad ferroviaria. Aquella investigación (mitad periodística, mitad académica), me la dirigió toda una experta, la profesora Nuria Garrido, y se titulaba: Albacete, en el marco ferroviario de la Red Transeuropea de Transporte: el AVE Sur.

Básicamente, en contra de las tesis planteadas por el trío de mariachis Bono-Zaplana-Gallardón (entonces presidentes de Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Madrid), en aquel trabajo se defendía una alta velocidad de verdad que uniera la capital de España con Valencia y Alicante, aprovechando el histórico nudo ferroviario de Albacete. Se trataba de racionalizar recursos, apostando por el trayecto más lógico (el de siempre), y compatibilizando el AVE con una tupida red de cercanías y trenes de media distancia. No olvidemos que el AVE es un tren para ricos, un tren excluyente.

Aquel trabajo se defendió con éxito en mayo de 2001, en el Centro de Estudios Europeos, de Toledo y mis conclusiones fueron que aquellos mariachis (Bono, Zaplana y Gallardón) estaban sentando las bases para que Albacete perdiera su histórico status de nudo de comunicaciones ferroviarias entre el Centro y Levante peninsular. Además se estaba produciendo un cumplimiento desigual de los requisitos establecidos por la política comunitaria de transportes y la dimensión medioambiental del proyecto quedaba cuestionada desde sus orígenes. A partir de argumentos exclusivamente técnicos, intentamos demostrar que el debate interno y la puesta en escena del opción denominada por los mariachis como AVE integral, resultaría perniciosa para Albacete, y también para Alicante y Murcia porque se demoraría en exceso la llegada del AVE a estas ciudades (hoy llega un pseudo AVE a Alicante, doce años después) y en Murcia no se le espera. En definitiva, aquel trabajo de investigación concluía que los criterios políticos habían primado sobre los económicos y jurídicos en la decisión final tomada por el Ministerio de Fomento, entonces dirigido por el ínclito Francisco Álvarez Cascos.

ALICANTE Y SU ANDÉN Nº13

Si pudiera haber estado en el pomposo y blindado acto de presentación de Alicante, en primer lugar me hubiese quejado de que los periodistas de Albacete no hayan sido acreditados para subirse al tren, solamente lo han podido ver pasar (toda una metáfora de toda esta historia que les estoy contando), y me hubiera gustado hacer a ministros, príncipes y gestores la siguiente pregunta-reflexión:

Se han reunido todos ustedes en los andenes 1 al 6 de la Estación de Alicante (los andenes de clase alta), para inaugurar un AVE que más que un AVE parece un ‘tren de la fresa’ por las excesivas paradas (políticas) que debe efectuar y porque las velocidades que alcanza no son de AVE. Eso sí, su precio, una vez acaben las ‘ofertas de lanzamiento’ serán de AVE, o lo que es lo mismo, será inaccesible para el ciudadano de a pie, y más con la que está cayendo. La infraestructura AVE comienza a ser más un problema que una solución porque está suponiendo el desmantelamiento de muchas líneas imprescindibles de cercanías y media distancia. Miremos hacia el andén 13 de la Estación de Alicante. En apenas 200 metros, en una misma estación tenemos dos mundos diferentes. En el andén nº13 sale con una frecuencia ineficaz, un viejo, casi cochambroso e insalubre tren de cercanías que une importantes áreas metropolitanas como Alicante y Elche (700.000 personas), para continuar hacia la Vega Baja y acabar en Murcia. Precios caros para un tren contaminante, tirado por una vieja locomotora diésel que en muchos tramos circula por vía única. Un tren que diariamente cogen miles de trabajadores, estudiantes, etc, y que es la antítesis de los flamantes y lujosos ‘patos’ Alston que paran en estos andenes de clase alta.

Que quieren que les diga, aquí hay un problema de prioridades y de pésima gestión de los recursos públicos. Si Santos levantara la cabeza, mal que les pese, organizaría un escrache y le lanzaría su botijo a la cabeza a estos ministros, príncipes y gestores que se están riendo de todos nosotros.