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Tres gobiernos conservadores, tres gobiernos a la deriva, con las peores encuestas de los últimos tiempos, cercados por graves problemas económicos y de corrupción. Tres gobiernos que vuelven a utilizar el nacionalismo como la perfecta cortina de humo para tapar sus vergüenzas. David Cameron ha enarbolado la bandera británica para plantear un referéndum donde se postulará una posible salida de la Unión Europea. Artur Mas ha sacado adelante la declaración soberanista encaminada a un futuro referéndum de autodeterminación en Cataluña. Y el Gobierno de Mariano Rajoy ya tiene la excusa perfecta en la declaración soberanista catalana para desempolvar  el nacionalismo español más rancio, ese grabado a sangre y fuego en una parte muy importante de su electorado y de sus resortes mediáticos.

De nuevo el nacionalismo volverá a ser impuesto desde los denostados partidos políticos en las agendas de los medios, de nuevo los manidos argumentos nacionalistas de uno y otro lado volverán a ocupar minutos y minutos de los telediarios, de los informativos de las radios, de las Web y de las portadas de los periódicos, pasando a segundo plano los problemas realmente importantes que afectan a las vidas de millones de personas en nuestro pobre y estúpido país.

El debate nacionalista tapará (lo intentará) la crisis económica, el desmantelamiento de los servicios públicos fundamentales (sanidad y educación), la subida de impuestos, la perdida de poder adquisitivo de los ciudadanos, los desahucios, los seis millones de parados y la repugnante corrupción de la casta política. Una breve reflexión al respecto de este último asunto. La estocada mortal a la corrupción en España solo podrá llegar desde las urnas. Está bien que se intente legislar contra esta lacra, pero solamente la responsabilidad ciudadana podrá acabar con este negro capítulo de la joven e inmadura democracia española. Cuando la mayoría de los españoles pasen de ser lacayos de un sistema viciado y corrupto a ser  ciudadanos críticos, en ese momento se sentarán las bases para terminar con la corrupción. Cuando los militantes o simpatizantes de un partido dejen de ser ‘hooligans’  futboleros y se conviertan en votantes responsables capaces de castigar los desmanes de los suyos en las urnas, en ese momento se sentarán las bases para terminar con la corrupción.

Ejemplos como la Comunidad Valenciana son indignos para un país, pero nunca olvidemos que la responsabilidad final de que los Carlos Fabra de turno sigan campando a sus anchas desde Morella a Pilar de la Horadada, es única y exclusiva de quienes les han colocado sistemáticamente con sus votos al frente de las instituciones. La corrupción en España no se ha castigado electoralmente, y la Comunidad Valenciana es un caso bien paradigmático. Ha llegado el momento de que los ciudadanos asuman responsabilidades críticas, abran los ojos y dejen de ser sujetos pasivos manipulables. Ha llegado el momento de castigar a los corruptos, de sacarlos de las instituciones. Ha llegado el momento de apostar por fórmulas que impidan peligrosas mayorías absolutas directamente relacionadas con el nepotismo y la corrupción. Y mientras llega ese momento (el de las urnas)…. ¡que de una puñetera vez dejen de infotoxicarnos con los malditos nacionalismos!