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Antonio MiguelPasada la inmediatez del momento y del innegable disfrute de una entrevista plena de calidad intelectual y preciosos titulares llenos de morbo –i.e. «que yo sepa, el grupo Prisa no puede cesar todavía al secretario general del PSOE»

, «yo no voy a desvelar conversaciones privadas», «si esto fuera un golpe de estado estaría organizado por un sargento chusquero», «también habrá que respetar a los votantes de Podemos […] muchos de los hijos de los socialistas están allí» etcétera) que hacen las delicias de los que como yo, gustamos más de entretenernos con el espectáculo de los partidos políticos que con el que ofrece Sálvame, vuelvo a escuchar con más detenimiento la entrevista que Josep Borrell mantuvo con Pepa Bueno ayer por la mañana (30 de octubre 2016) en su programa de Hoy por Hoy en la Cadena Ser, y cuyo audio puede escuchar aquí.

Me ha gustado tanto que estoy convencido de que si la dejara reposar un par de días más, le extraería mucho más jugo a esta auténtica lección sobre el poder que nos ha regalado el que fuera ministro socialista y presidente del parlamento europeo. Sin embargo, aunque me gustaría pensarla un poco más, el torrente de acontecimientos hará que pronto olvidemos su contenido y entonces solo quedará como reliquia de estudio en aquellos grupos de investigación socio-política y/o de comunicación que malviven en España con el presupuesto que les dedica la I+D. Por este motivo, sabedor de la fugacidad del pensamiento, y a pesar de que corro el serio peligro de la improvisación o de recurrir a los lugares comunes, es que me atrevo a publicar esta breve reflexión a partir de lo que ayer dijo Borrell.

Cualquier oyente del audio se puede percatar que Josep Borrell llega a la entrevista intelectualmente más fundamentado y con mayor conocimiento del funcionamiento orgánico del PSOE que la excelente profesional que es Pepa Bueno, a quien por otra parte escucho diariamente. Esta distancia que separa a estos profesionales nos ayuda, sin embargo, a comprender mejor el barro con el que se modela políticamente la realidad socio-económica de nuestro pequeño país. Dos mundos, el del periodismo político y el de la madurez política cuya distancia se condensa en la respuesta que ofrece Borrell ante la insistencia de la periodista por conocer su parecer de la situación del partido socialista: «si quiere usted simplificar» [19’56”]

Efectivamente, «si quiere Ud. simplificar» podríamos decir que Susana Díaz busca otorgar el gobierno al PP promoviendo la abstención, y que Pedro Sánchez busca intentar una opción de gobierno alternativo. Y si quiere simplificar aún más también podríamos añadir que Díaz, en su legítimo deseo por alcanzar la secretaría general del PSOE, no confía en obtener el voto de la militancia y que por eso quiere controlar la celebración del congreso extraordinario mediante una comisión gestora que la presente por aclamación como única candidata y que Sánchez, en su legítimo deseo por mantener la secretaría general que obtuvo democráticamente, confía en obtener de nuevo el voto de la militancia y que por eso quiere controlar desde la ejecutiva la celebración del congreso extraordinario. Bien ya está simplificado. Además de la espectacularidad de los varios titulares conseguidos, esta es la conclusión periodística de la entrevista: dos bandos, dos realidades, dos verdades y dos legítimos intereses.

Borrel en la Ser

Josep Borrell en Hoy por Hoy | Cadena Ser)

Sin embargo y pese a la simplicidad de la conclusión, por qué estaba la entrevista provocando un revuelo tal que convirtió a #Borrellenlaser en Tema Destacado de tuiter y los indicadores de mi sencillo tuit sobre la entrevista se disparaban. Nunca antes ninguno de mis tuits había obtenido más de un par de retuits y fav, y en el momento en que publico esta entrada el tuit alcanza ¡más de 1.800 impresiones, 28 retuits y 20 favoritos! Las estadísticas y los tuits que leía me sugerían que el espectáculo, además de los perfectos titulares que ofrecía Borrell casi en cada frase, o del morbo de criticar al grupo Prisa en su propia casa, o de escuchar cómo desarticulaba a Pepa Bueno con cada una de sus respuestas, estaba ofreciendo lo que los ciudadanos demandamos: claridad, contundencia lógica y que se nos trate como a los adultos que somos. «¿O es que no se ha enterado de que esto es una lucha por el poder?» sentencia Borrell.

La transcripción del momento que me resultó más sugerente [17´45″] transcurre así:

PB – ¿Por qué cree [Ud.] que [los críticos] la quieren [la comisión gestora]?
JB – [Balbuceos de asombro] Usted me toma por…
PB – [Insiste] ¿Por qué cree que la quieren, no?
JB – ¿A usted qué le parece?
PB – No, yo le pregunto a Ud. señor Borrell [risillas]
JB – Vamos a ver, es que hay preguntas excesivamente obvias.
PB – No, pues no… Quiero que Ud. me lo diga.
JB – Pues porque si el secretario general sigue de secretario general, el poder sigue estando en la ejecutiva y si hay una comisión gestora el poder está en la gestora… ¿o es que no se ha enterado de que esto es una lucha por el poder?
PB – Yaaa… me he enterado perfectamente. Pero qué poder tiene, qué plazo de tiempo se maneja, porque es importante tener el poder en este tiempo de transición. Esto es lo que yo le pregunto.
JB – Claro… pero es… es que estamos discutiendo el contenido del conjunto vacío [18’20”]. O sea, es que… estamos discutiendo sobre una comisión gestora que es una entelequia porque no hay comisión gestora para sustituir a una comisión ejecutiva federal [18’32”].

Desvelar con la crudeza que suele ofrecer la lógica, que lo que se está trasladando en los medios de comunicación es que el enfrentamiento en el seno del PSOE se reduce a una cuestión procedimental o de interpretación sobre lo que se sobreentiende de la redacción de del artículo 36 los estatutos del PSOE, me parece brillante e intelectualmente impecable: no tiene ningún sentido, otro que entretener y enredar, discutir el contenido de un conjunto vacío. Es un razonamiento que desarticula la maraña de medias verdades en el que acostumbran a envolverse los dirigentes de los partidos –nótese que no digo políticos– en este época de democracia post-factual en la que la ignorancia y la irracionalidad dominan a los hechos y a la razón (i.e. la campaña pro-Brexit, el fenómeno socio-político de Trump, o la impunidad moral de la que disfruta el PP tras formatear ¡35 veces! los ordenadores de Bárcenas). Creo que aquí radica el éxito viral de la lección de Borrell: el énfasis que transmite porque está convencido de que «la fuerza de los argumentos no proviene del tono de voz, sino de cuál es la intensidad lógica de lo que se dice» [24’08”].

Es bien conocido que la idea del ocultamiento político –es decir una presentación interesada e intencionada– de la realidad como instrumento de control de la población y de legitimación de un orden social determinado, ancla sus raíces en la tradición del idealismo alemán. En esta línea, con la entrevista he recordado dos nociones que suelen confundirse. Por un lado está la noción de ideología de Karl Marx cuya finalidad, en una lectura funcionalista, es estabilizar la estructura económica de la sociedad. Y por otro, la noción de sociodicea (Pierre Bourdieu) que «como parte de toda ideología, identifica culpables o atribuye causas a males y daños socialmente causados, al tiempo que abona y avala determinado estado de cosas» (Giner, 2015: 39). A nadie se le escapa la complementariedad funcional y simbólica de ambas nociones, pero el componente moral que desprende la sociodicea hace que las atribuciones de culpabilidad solo puedan ser eficaces si no se alejan demasiado de las formas: la integridad moral, como la mujer del César, no solo debe serlo sino parecerlo.

Y no parece que la dimisión coordinada de 17 miembros de la ejecutiva del PSOE, a los que los críticos suman un fallecido y dos dimitidos por encausamiento, deje demasiado espacio para creer que el reparto de culpas (función de sociodicea) que se hace de los resultados electorales del partido, se haga solamente por el bien de Andalucía, España y la Humanidad, como reza la letra del himno de la tierra en que nací. O dicho de otro modo, lo que desvela Borrell en su conversación, lo que desarbola a la periodista en varias ocasiones y lo que genera la avalancha de tuits, es que muestra el «trilema» (sic) político de los tres noes en el que está el partido (a saber: no a Rajoy, no a un gobierno alternativo y no a terceras elecciones) y que se pretende enmascarar con discusiones de carácter estatutario y procedimental que, en último extremo y en tanto que sociodicea, solo «abona y avala un determinado orden de cosas».