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THE BIG PICTURE. (AP Photo/Alex Brandon)

Hace un año Estados Unidos y el Mundo entero celebraba con júbilo la histórica victoria de Obama en las presidenciales americanas. Su cota de popularidad superaba el 70%, hoy, un año después ronda el 55%, y acaba de sufrir su primer revés electoral en Virginia y New Jersey donde los republicanos han ganado la gobernación de sendos estados. Demasiadas expectativas puestas en un hombre al que, según la religiosidad o laicidad de cada cual, unos vieron como un mesías y otro como un ‘superman‘.

Objetivamente hablando, las reformas de Obama están siendo de calado y los tiempos en ejercutarlas están siendo los adecuados en un país tan conservador como Estados Unidos. Solamente el  haber pasado al multilateralismo en las relaciones internacionales es motivo suficiente para valorar positivamente este año de Obama en la Casablanca, también el paulatino y complejo cierre de Guantánamo. Y en clave doméstica, el gabinete demócrata está logrando sacar al país de la crisis. Finalmente, es absolutamente loable el ímpetu de Obama para avanzar en la reforma de la sanidad pública, pese al frente abierto por las multinacionales de los seguros y los neocons. Nunca llueve a gusto de todos, pero el año de Obama en la Casablanca solo puede ser calificado de intenso y moderamente frucítifero.