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¿Los musulmanes europeos son propensos a radicalización violenta y violencia terrorista de inspiración islámica? El imaginario colectivo occidental identifica a las comunidades musulmanas de Europa, con un islamismo propenso a prácticas culturales patriarcales nocivas.Se identifica con la radicalización violenta y el terrorismo de inspiración islámica, con prácticas abusivas de las prestaciones y servicios públicos del Estado del Bienestar, y con un desinterés manifiesto por la integración y la plena pertenencia social.

En las antípodas a esta percepción colectiva plagada de prejuicios y de estereotipos simplificadores que pretenden islamizar una problemática cuya raíz es socioeconómica y de aceptación social de la diversidad cultural, está presente una realidad socio-cultural verificada por estudios, informes y estadísticas fiables, cuyos significados revelan que la tendencia social abrumadoramente mayoritaria de los musulmanes europeos, sean estos ciudadanos o residentes, se caracteriza por estilos de vida y prácticas sociales e individuales, compatibles con el acervo político, jurídico europeo, y de las culturas constitucionales de los Estados Miembros de la Unión Europea.

Según las diferentes estimaciones, entre 11 y 13 millones de musulmanes, constituyen una dimensión innata de la realidad social y cultural europea. La plena pertenencia social de estas comunidades es una necesidad ineludible que trasciende los conceptos cuestionables de integración y tolerancia, cuestionables por la limitada ambición de transformar la realidad social, dado que se integra y tolera algo extraño a la civilización europea: el uso del lenguaje crea representaciones de la realidad social.

El Islam tiene diversas manifestaciones en Europa y reúne grupos de diferentes connotaciones como inmigrantes, ciudadanos de segunda y tercera generación de pleno derecho y conversos procedentes de otras confesiones [1]

El alarmismo social europeo respecto al Islam y los musulmanes se intensificó gradualmente, tras los atentados terroristas del 11S, de Madrid, Londres, Casablanca, Yakarta, Sharm el Sheik y Toulouse, París, y otras ciudades europeas. Dichos acontecimientos han impulsado a los órganos de justicia e interior, a los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad, a centrar su atención en las redes europeas islámicas. A estos factores reforzadores de los prejuicios y estigmas, que históricamente han preñado la representación de los musulmanes en el imaginario colectivo, se les añaden otros sucesos que actúan como detonadores del recelo social, tales como el asesinato del cineasta holandés Théo van Gogh o la controversia desatada por las caricaturas de Muhammad en Dinamarca, y los frecuentes actos terroristas en Europa.

Foto: twistislamophobia.org

La idea de que existe una unión entre el Islam mundial y el Islam europeo, y una convergencia de acción de los musulmanes europeos de segunda generación, inmigrantes o conversos y los musulmanes de otros países, cobra fuerza cuando los medios de comunicación informan sobre la presencia de musulmanes occidentales en las redes denominadas terroristas, que operan en Pakistán, Afganistán, e Irak, Siria, Libia, etcétera.

En el escenario europeo la presencia de grupos, que postulan la acción armada, al amparo de las teorías de autores musulmanes como Abdallah Azzam u Omar Bakri, y del guión de Al Qaeda , Daesh, etc., se enfrenta a una realidad social hegemónica definida por más de cuarenta cuatro millones de europeos musulmanes en el continente (13 millones en la UE) que viven en paz, reivindicando superar las demandas de integración, concretadas parcialmente, y aspirando a una plena pertenencia social al tejido social europeo.

El conjunto de los movimientos musulmanes mayoritarios es democrático, cívico, pacífico y gana importancia al competir con los interpretadores inmovilistas y deformadores de la génesis del Islam, del mensaje coránico y del modelo ético que representa el profeta Muhammad y la primera Umma.

Un análisis que trascienda los focos de atención mediáticos, apuntan a una conclusión opuesta y esperanzadora. La percepción colectiva fatalista, reforzada por la profecía del Choque de Civilizaciones , resulta empíricamente endeble y mitológica, cuando se la enfrenta a una realidad social europea caracterizada por una diversidad de creencias, donde el Islam, las comunidades musulmanas europeas y el movimiento feminista islámico aspiran a ocupar un espacio de plena pertenencia cívica y social, adherida de modo innato a los valores y principios que configuran los Derechos Humanos y el acervo jurídico europeo e internacional .

Una intervención social comunitaria orientada a una doble dirección, es decir, a las comunidades musulmanas y a las sociedades donde se insertan, puede hacer que la diferencia deje de ser un motivo de controversia y recelo mutuo, para convertirse en un acicate, en un incentivo para el conocimiento social recíproco, que sin duda facilitaría el proceso de empoderamiento de los musulmanes europeos.

El coste del desconocimiento y de la ignorancia mutua, constituyen una parte significativa de las causas objetivas del enfrentamiento y la conflictividad social. Resulta ineludible acabar con el estado de desconocimiento y desinterés consciente en las sociedades europeas con respecto al mundo islámico. Las comunidades musulmanas en el continente europeo aglutinan aproximadamente a cuarenta y cuatro millones de seres humanos, y en la Unión Europea a trece millones de personas, que con sus referencias culturales de origen han enriquecido la diversidad del acervo de las culturas, así como también una tradición humanista que es perfectamente compatible con el mensaje coránico y el modelo de comportamiento vital que inspira el Profeta.

Foto: 24horas.cl

La dinámica de una historia cíclica de conflicto entre confesiones no está predestinada por ninguna ley física de carácter inamovible. Frente a las profecías fatalistas revestidas de discurso científico, la Alianza de civilizaciones apuesta por construir una cultura de convivencia cooperativa que en Europa existe en gran medida, tal cual lo testifica el devenir cotidiano de los cuarenta y cuatro millones de musulmanes europeos.
Los radicalismos minoritarios cristiano, islamista, laico y judío, siempre dotados de una considerable capacidad de estruendo, de interpretación sesgada y desviada de sus credos y de alarmismo social, introducen factores de agravamiento de las contradicciones y obstáculos que obedecen a una finalidad de dominación y exclusión de quienes consideran el otro.

Una dinámica de conflicto que en la mayoría de los casos es antagónica y herética con la fe e ideales que predican creer y practicar. La amplia propagación de los tópicos que circulan sobre los europeos musulmanes produce un efecto de retroalimentación. Cuanto más negativa es la percepción de la realidad más se auto confirman los estigmas cognitivos y prejuicios sobre el mundo islámico y viceversa. El fenómeno del desconocimiento y los prejuicios es recíproco.

La segregación que padecen muchas europeas musulmanas, refuerza ideas erróneas preconcebidas sobre el otro no musulmán, tendiendo a asumir un rol social de victima pasiva que no le favorece en la hora de asumir su proceso de empoderamiento y de construcción de la plena pertenencia social y cívica .

La confrontación calificada de choque de civilizaciones es el disfraz de las ambiciones y los intereses político-económicos del pensamiento único. La profecía de Huntington, aparentemente autocumplida, más bien ofrece una legitimidad ideológica a esta nueva orientación política de supremacía total, encontrando en el desconocimiento acerca del Islam y sus seguidores grandes ventajas, al poder atribuirles todo tipo de maldades y peligros.

La fábula social y los estereotipos de víctimas y victimarios cobran protagonismo por los acontecimientos políticos de los últimos años. La imagen de la Europa de los Derechos Humanos viene padeciendo signos de retroceso desde el 11 S. La actitud política europea ante la guerra sucia contra el terrorismo fue ambigua o de colaboración con los actos de terrorismo protagonizados por la administración Bush. Algunos de los discursos electorales en las elecciones francesas, holandesas, alemanas, o municipales en Cataluña de 2011, son ejemplos de manifestaciones nacionales y locales de este fenómeno.

La crisis económica desatada en 2008 también se traduce en un miedo legitimador de la fábula estigmatizadora de la mujer musulmana, que es representada en el imaginario colectivo como una mujer abusadora de los servicios y prestaciones del Estado del Bienestar sin contribuir a su sostenimiento, convirtiéndola así, en un potencial riesgo para la viabilidad futura de la cultura y del modo de vida europeo, un mito inexistente en la realidad social.

La idea de que el musulmán practicante es un sujeto con una tendencia innata al fanatismo y poco dispuesto a la integración y a la plena pertenencia social es falsa y se basa en la extrapolación de los posicionamientos radicales de minorías musulmanas en un nivel de representación social mayoritaria en el imaginario colectivo.

En Europa, la mayoría de las mezquitas y centros culturales islámicos trabajan con pocos medios destinados a las necesidades morales espirituales y de inclusión socio económica de una población que asume que los valores de la moderación y tolerancia parten de las enseñanzas del Corán y del ejemplo del Profeta Muhammad. Una encuesta realizada por un centro de sondeos francés al final del año 2001, después de los atentados del 11 de septiembre y publicada en el periódico Le Monde, llegó a la conclusión de que los musulmanes practicantes de su religión estaban mejor integrados en la sociedad que los musulmanes no practicantes.

Resulta evidente la necesidad de una intervención social comunitaria orientada a la comprensión de los códigos culturales específicos del Islam, sin confundirlos o identificarlos con los códigos culturales de contextos geográficos y políticos que se atribuyen al Islam, pero que en realidad están preñados de praxis culturales pre-islámicas o de interpretaciones antagónicas al mensaje coránico.

En el 2020, una de cada 5 personas será musulmana, una proporción que exige realizar las siguientes preguntas:

  • ¿Se puede categorizar a los grupos minoritarios que postulan la acción armada como corriente o tendencia social dominante dentro de las comunidades europeas musulmanas?
  • ¿Por qué los grupos minoritarios que postulan la acción armada ostentan una representación simbólica poderosa en el imaginario colectivo europeo?
  • ¿Por qué los cuarenta cuatro millones de europeos musulmanes que viven en paz ostentan una posición marginal o de invisibilidad en el imaginario colectivo europeo?

La globalización ha consolidado la identificación indiferenciada entre las realidades musulmanas locales, regionales, nacionales e internacionales. La reflexividad derivada de esta identificación simplista hace que los sujetos se reafirmen en sus posiciones o bien se vean obligados a reposicionarse en razón de la confrontación con la imagen que se tiene del musulmán.

Las políticas del imaginario fundamentadas en el desarrollo de las relaciones entre Europa y el Islam, facilitan el uso político de los imaginarios, sobre todo en temas religiosos y sociales, para movilizar y a veces exaltar al tejido social.

Una reflexión de George Orwell, es significativa al respecto:

 En tiempos de incertidumbre la gente está dispuesta a creer en los más tremendos disparates

La historia y el devenir actual hacen plausible el pensamiento de Orwell, cuando se comprueba que más importante que el mensaje, es quien lo transmite, y que la credibilidad y el cala¬do de la fábula terrorífica en el imaginario colectivo dependerán del carisma del mensajero y de su poder de persuasión.

La creciente radicalización islamofóbica está vinculada a una crisis política y económica europea que sumerge al tejido social en una situación continuada de incertidumbre, de miedo al porvenir, de exclusión social. La incapacidad de conseguir trabajo, el miedo a perderlo y el desmantelamiento del Estado del Bienestar se traduce en una búsqueda de culpables. Las comunidades musulmanas europeas ostentan un rol protagonista en el casting xenófobo e islamófobo.

Grecia no deja de ofrecer una visión plausible de lo que se puede esperar en otros países europeos, el partido político Amanecer Dorado cosechó el 7% por ciento del voto en las elecciones generales de 2012, unas 30 veces más que en las elecciones de 2009.
El Frente Nacional de Marine le Pen consiguió el doble de votos que en 2007 en la primera vuelta de las elecciones francesas a finales de abril de 2012. En Holanda, el Gobierno de coalición cayó en abril de 2012 debido a la deserción del Partido de la Libertad, un partido antieuro e islamófobo liderado por Geert Wilders. En Austria el partido de extrema derecha está igualado en las encuestas con el del Gobierno conservador. En Finlandia los Finlandeses Verdaderos cuen¬tan con el apoyo de más del 20% de la población.

Foto: 20minutos.es

Lo que los une a todos es el populismo, el anti-europeísmo y la hostilidad contra la inmigración y las comunidades musulmanas, que incrementa el número de sus adeptos al expandir su mensaje a los temas más apremiantes de la actualidad angustiante. Para la fábula terrorífica el problema es el Islam, ocultando al responsable: el capitalismo financiero internacional desbocado que no es otra cosa que la institucionalización global de la tiranía de la usura.

La fábula incrementa el espacio ocupado el imaginario colectivo, y hay dos posibles factores que podrían ayudarles a ir mucho más lejos. Uno, es que la situación económica siga por la senda del agravamiento y que las tecnocracias dominantes en los gobiernos europeos continúen sin encontrar una vía de superación que combine crecimiento, austeridad, generación de trabajo y la reducción de déficits.

El segundo factor es el surgimiento de líderes extremistas capaces de aglutinar a las masas a través de sus ideas simplistas.

El fabulismo sectario se beneficia de la proyección de su imagen en los medios de comunicación de masas, influyendo en las interrelaciones sociales con efectos de rechazo o indiferencia por una realidad social diversificada, lo que supone un obstáculo a la coinclusión recíproca en el que cada uno consiga que se reconozca su identidad al ser construida en una interrelación entre iguales.

La obstaculización de la coinclusión se realiza a través de la movilización de los imaginarios colectivos por medio de las invenciones, las fabulas y los repertorios de una memoria mitificada a la medida de la conveniencia de la ideología islamófoba.

La tensión que rodea a los temas étnico-religiosos deja entrever que será necesario un profundo trabajo en las nuevas sociedades multirreligiosas y multiétnicas europeas. En Europa se traban relaciones que no son más que una expresión, entre muchas otras, del mundo globalizado en el que las comunidades musulmanas, incluyendo el protagonismo emergente de las redes feministas, son actores significativos que jamás aceptaran la invisibilidad y la obstaculización a la plena pertenencia social.

[1] Véase Chebel Malek, El Islam: Historia y Modernidad, págs. 141-156, Paídos Ibérica, Barcelona, 2011, Es un libro claro y pre­ciso Malek Chebel, antropólogo, escritor y reconocido especialista a nivel internacional, que analiza punto por punto esta religión mal comprendida y temida en Europa, lejos de cualquier proselitismo recorre la historia para hablarnos también de modernidad.
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