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Agustin VicoDicen que en periodismo solo hay dos formas de contar las cosas, porque alguien te las cuenta o porque las ves (en este caso sufres de manera directa y personal). ¿Puede una empresa privada, en concreto un banco, tapar la entrada de una vivienda porque sí, sin que los legítimos propietarios de ese piso tengan deuda alguna con la mencionada entidad?Puede, se lo aseguro. Lo he visto con mis propios ojos. Esa entidad es Bankia y la empresa a la que le encargó colocar una puerta anti okupas en la vivienda se llama Haya.

Tarde de verano. Estoy de cumpleaños, tomando unas cervezas. Suena el teléfono. Acepto la llamada a pesar de ser un número oculto. Una voz familiar me llama por mi nombre y me suelta, a bocajarro, si hemos sufrido algún embargo. Empiezo a ponerme nervioso. Le digo que no. La voz termina de identificarse, y me explica que “han tapiado la puerta” de la vivienda que mis padres, hace medio siglo, compraron en Valencia. Siguen unas explicaciones confusas. Mi nerviosismo empieza a transformarse en incredulidad. Termina la llamada y sé que esa noche no voy a dormir. Y lo peor, pienso en dos personas, dos mayores de 85 años, a los que tengo que contarles lo que aún no acabo de entender: mis padres.

Bankia

A primera hora del día siguiente nos subimos al coche y salimos para Valencia con la escritura, los recibos del Impuesto de Bienes Inmuebles de los últimos años, más los de agua, electricidad y la comunidad, todos pagados religiosamente. Tras algo más de hora y media de uno de los viajes más tensos de mi vida llegamos a la vivienda que mis padres adquirieron, en una de las muchas avenidas de la ciudad levantina, cuando vivían en Valencia. Y sí, la advertencia de la voz telefónica es cierta. Nos han tapiado la puerta. Bueno, tapiado no. Lo que han hecho es colocar una puerta anti okupa como las que vende esta empresa.

Lo que sigue es tensión, nervios, llantos de mis padres al ver que no pueden acceder a su casa y preguntas. Preguntas sin respuesta: ¿quién ha colocado la puerta?, ¿por qué?, ¿pesa sobre la vivienda alguna carga que no sabemos? No hay nada, ningún tipo de información, que indique quién ha decidido impedirnos entrar a nuestra casa (más tarde caí en que esto, que no haya ningún tipo de identificación, es una táctica para que la comunidad de vecinos no pueda reclamar los gastos).

Nos instalamos en el portal del edificio, saco el teléfono y comienzo a llamar mientras mis padres, asustados, no dejan de lamentarse y llorar: al administrador de la finca, que me dice que no sabe nada y se muestra sorprendido; al seguro, a ver si nos pueden enviar un cerrajero, que luego se disculpó diciendo que no podía hacer nada; a una amiga abogada, que me orienta y me dice que vaya al Registro de la Propiedad a pedir una nota simple para ver si pesa alguna carga sobre la vivienda; a la conocida que nos avisó por si sabe algo más; al presidente de la comunidad, que dice no saber nada.

Después de varios taxis para ir a poner una denuncia en Comisaría, al Registro, a la Ciudad de la Justicia y volver a una casa a la que seguimos sin poder entrar, estoy seguro de que la vivienda está limpia, cosa que ya sabía, es decir, no tienen ninguna carga. Lo que sigo sin saber es quien ha colocado la maldita puerta.

Otra vez estamos en el portal del edificio. Mis mayores siguen llorando y yo pensando a quién puedo llamar. Los llantos de mi madre, y que hemos hecho del portal nuestra oficina provisional llaman la atención de algunos vecinos que se acercan y se interesan por lo que nos ocurre. Tras hacerles un breve resumen se solidarizan con nosotros y nos ofrecen sus casas para que mis padres puedan descansar, a la vez que comienzan a comentar que sí, que habían oído algo, que les suena, pero que creían que era en otra vivienda alquilada del bloque, que llevan meses sin pagar el alquiler y los gastos de comunidad y que…

Desesperado, les pregunto si alguien sabe quién ha colocado la puerta. Una de las vecinas, a quien nunca le estaré lo bastante agradecido, dice que le suena que era un banco. Sí, vale, pero qué banco, y en ese momento, no sé si por decir algo, suelta el nombre de la bestia: Bankia. Cree que es Bankia.

Bueno, pienso, ya tengo algo para seguir. Al lado de casa hay una oficina de esta entidad. Me acerco, ya es tarde. Hay gente dentro, llamo para entrar, pero no me abren. Me vuelvo, veo las pantallas de los cajeros y veo un número de atención al cliente, un 902 y llamo. Tras casi una hora de hablar con diferentes personas y pasar vario filtros de respuestas automáticas consigo que me pasen con Administración de Inmuebles, vuelvo a repetir, con tono cabreado, lo que ya he contado media docena de veces antes, y dicen que lo van a comprobar.

Son las tres de la tarde, mis padres siguen en el portal del edificio, y yo no sé a qué hacer. Recojo a mis mayores y me los llevo a comer. Cuando estamos terminando suena el teléfono. Me dice que es un tal Julián, me explica que es el custodio de las llaves de los pisos de Bankia en la zona, y empieza a disculparse. Que ha sido un error. Que ni era el bloque de viviendas, ni el piso ni la puerta donde iba la puerta anti okupa, que lo siente mucho y que me va a llamar el que colocó la puerta para retirarla. Se lo cuento a mis padres, comenzamos a respirar y hasta veo cómo se dibuja una pequeña sonrisa en sus caras. Parece que lo hemos conseguido. Hemos desecho el error y en unas horas podremos entrar en la vivienda.

Al día siguiente, la indignación y el asombro por lo sucedido continuaba. Y me decidí a escribir a Bankia. Este es el correo que les envié:

Estimados señores de Bankia,
ayer, fruto de un error de su empresa, vi cómo mis padres, de 85 años, se ponían a llorar como niños. ¿La razón? Que ustedes se habían equivocado y habían colocado una puerta anti okupas en su vivienda, en la calle (…), de Valencia capital, impidiéndoles el paso a su propiedad, a pesar de que sobre el inmueble no pesa ningún tipo de carga y nuestra familia, clientes de su entidad desde hace décadas, no tiene ningún tipo de deuda con ustedes.
Mis padres, jubilados, viven, como yo en (…) alertados por los vecinos nos tuvimos que desplazar a Valencia. En mi caso tuve que pedir permiso en el trabajo. Tuvimos que poner gasolina al coche, comer fuera porque no podíamos entrar a nuestra casa, gastar en varios taxis para ir al registro de la propiedad de Valencia, a la Comisaría de (…), llamadas telefónicas a su 902, al administrador de la finca, al seguro de la vivienda… En fin, una odisea, hasta que se dieron cuenta de que se habían equivocado y quitaron una puerta que nunca, repito, nunca debían haber colocado sin asegurarse antes de que la dirección era correcta.
Por todo lo anterior, y antes de hacer esta situación pública en las redes y medios de comunicación (tengo imágenes, la denuncia en comisaría, fotografías de la puerta, testimonios de los vecinos), quiero que se disculpen con mis padres y nos compensen por los gastos que nos han ocasionado, sólo queremos que nos reintegren lo que nos costó la gasolina, la comida, los desplazamientos por Valencia, las llamadas telefónicas y mi día de trabajo perdido, porque ni con todo su dinero me podrán compensar por hacerles llorar, innecesariamente, a mis padres.
Saludos

Y esta fue su respuesta:

Att. D. Agustín Vico
Asunto: Inmueble C/ (…), Valencia
En Valencia a 1 de julio del 2016
Muy Sr. Mío:
En primer lugar, le informamos que esta parte le remite esta comunicación como gestora de la cartera de inmuebles de Bankia S.A, en virtud del contrato de prestación de servicios firmado entre las partes.
En segundo lugar, acusamos recibo de su mail de fecha 30 de junio del año en curso, remitido a Bankia por el cual formula reclamación respecto al incidente acaecido en el inmueble propiedad de Dª. (…) y D. (…), sito en la calle (…), nº (…), 2º puerta (…) en Valencia.
Tal y como le hemos trasladado telefónicamente, le reiteramos de nuevo nuestras más sinceras disculpas por la desafortunada situación producida ayer, al colocarse por parte de un proveedor externo, de forma equivocada una puerta anti ocupas en la vivienda propiedad de sus padres, cuando realmente se debería haber efectuado en otro inmueble cercano.
Por nuestra parte en cuanto fuimos conocedores del error, se realizaron todas las acciones posibles para revertir la situación producida, en aras de ocasionarle las menores molestias posibles, constándonos subsanada la incidencia a las pocas horas de hacer efectuado la colocación errónea.
Le pedimos de nuevos disculpas por las posibles molestias que se les hayan podido ocasionar, las cuales fueron totalmente ajenas a Bankia, y quedamos a la espera de que nos remita a través de nuestro correo electrónico atencionalcliente@haya.es, nuestro correo postal en Avda. Cardenal Benlloch nº 67 planta 6ª, código postal 46021 de Valencia, o bien en el fax 96 362 88 75, el detalle de los costes asumidos por su parte derivados de la situación acaecida, para poder proceder a su valoración.
Reciba un cordial saludo.

Aida Carabal Reyes
Dpto. Administración y Centro Atención
http://www.haya.es

Si yo no me pongo en contacto con Bankia, la puerta sigue donde la colocaron. Pero, según haya.es: “realizaron todas las acciones posibles para revertir la situación producida, en aras de ocasionarle las menores molestias posibles, constándonos subsanada la incidencia a las pocas horas de hacer efectuado la colocación errónea”. Hay que tener cara.
Por cierto, les remití la relación de costes, que no sumaba más de 150 €. Todavía estoy esperando una respuesta de Haya. Lo dicho, hay que tener cara. Y poca vergüenza.