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codice-producciones-limitada-4701-198092-1-productDos meses bastante ajetreados, vuelos largos, poco sueño y esas cosas, te permiten a veces encontrarte con lecturas que te enganchan, motivan y reafirman en algunas de tus convicciones. Leyendo las ‘Crónicas de la América profunda’, del malogrado Joe Bageant, escrito justo antes que Obama llegara a la Casa Blanca, te das cuenta, por ejemplo de lo mucho que tienen en común el Partido Republicano norteamericano y el Partido Popular español, fundamentalmente en las características de su votante tipo, ese que el 20D puede aupar a Mariano Rajoy o al Pato Donald (da igual el candidato) a la reelección como presidente del Gobierno de España. También las similitudes son evidentes en las características de los territorios donde obtienen esos apoyos electorales.

El Partido Demócrata perdió hace muchos años la batalla del populismo ante unos Republicanos que supieron atraer a los más desfavorecidos hacia el capitalismo más ‘ruiz’, digo ruin, que ellos mismos promulgaron y consolidaron en el continente. Todo el proceso fue muy kafkiano, a la par que surrealista, pero lo cierto es que los demócratas, teóricamente el partido progre que debería haber conectado con las clases medias, medias-bajas y bajas, -porque las clases existen, y también las ideologías y también debería existir la lucha de clases- se gustó a si mismo y en el inconsciente de esas clases desfavorecidas empezó a sonar como el partido de las élites intelectuales y los pijos egoístas. Quien conozca un poco Estados Unidos, sabe perfectamente que existen dos países en uno y que la América profunda es algo real, tangible y que no es lo mismo Albuquerque (Nuevo México) o Greenville (Carolina del Sur) que Seattle (Washington) o Boston (Massachusetts).

Bageant nos habla en su libro sobre como el Partido Republicano supo trabajar los favores ‘electorales’ de ‘trabajadores pobres’ (concepto que ya ha llegado con fuerza a España), a los que supo ideologizar en el consumismo, idiotizar a través de la televisión por cable, disuadirles de cualquier incentivo intelectual, demonizar el sindicalismo, e inocularles en vena, en dosis extremas, patrioterismo barato y fundamentalismo religioso (solo el 30% de los norteamericanos creen en la teoría de la evolución de las especies). Esa fue la fórmula mágica para que los obreros que antaño tenían conciencia de clase, ideología de izquierdas y que se organizaban en sindicatos poderosos, fueran sucumbiendo a los hechizos de los conservadores y convirtiéndose en su guardia pretoriana:

Obreros pobres que se engañan a sí mismos con la idea de que pertenecen a la clase media. Clase trabajadora pobre no reconocida como tal: ciudadanos conservadores, políticamente desinformados e indiferentes, y patriotas en perjuicio propio (…) Mis conciudadanos tienen asimilado el hecho que son pobres y absolutamente ignorantes. A veces creo que el ilustre y antiguo Partido Republicano estadounidense emite una feromona especial que atrae por igual  a los memos y al dinero.

Mucho antes de todo ésto, mucho antes de Obama, un americano negro poderoso que se llamaba Malcolm X, fue quien dejó claro que el primer paso de la revolución tenía que ser la educación masiva del pueblo. Sin educación nada puede cambiar, y hay gente interesada en que nada cambié, ergo…

Hasta el día en que quienes cuentan con cierta cuota de poder e influencia se percaten  de que es beneficioso que la gente reciba una una formación de verdad y hagan posible el acceso a la educación sin necesidad de contraer una deuda aplastante, la chusma que vive en el corazón del país seguirá votando por peligrosos majaderos calzados con botas de cowboy. Ésta es una crisis terrible y silenciosa. La pasividad, la aversión por el intelecto (…)

Y esos peligrosos majaderos que han despreciado y depauperado la educación (sigo hablando de EE UU y recogiendo ideas de Joe Bageant) también fueron trazando un plan maquiavélico que desactivaba las relaciones laborales y generaba una millonaria bolsa de nuevos esclavos: mano de obra blanca, barata, arruinada y sin afiliación sindical:

La vida de los trabajadores como mi hijo y sus amigos me parecía tan dura, insegura y despojada de toda dignidad laboral que me entraban ganas de maldecir y llorar

Este domingo tenemos unas Elecciones Generales muy especiales en España, y en esta parte del charco también se han dinamitado las relaciones laborales y generado, con la Reforma Laboral, una situación dura, insegura y despojada de toda dignidad laboral para miles, millones, de trabajadores. Quienes nos han gobernado estos cuatro años han aplicado y trazado estrategias de enorme similitud a las que nos cuenta Bageant en su libro. Cualquier análisis con cierto rigor sobre las características de los comicios del 20D nos indica como el Partido Popular se juega su futuro en el ámbito rural que no se me moleste nadie, en la España profunda. Aquí tenemos variables que no tienen los norteamericanos, pero en esencia los nuevos partidos son urbanitas (voto joven) y los partidos tradicionales tienen sus grandes caladeros de votos en la España rural (voto mayor), en este caso favorecidos por un sistema electoral que debe actualizarse cuanto antes porque conseguir un escaño por Madrid sigue siendo infinitamente más caro que por Soria.

¿Cómo un partido político tan castigado por la corrupción, con un presidente que ni los suyos respetan, ni valoran, que acaba la legislatura con un 22% de paro y unos recortes que han dejado tambaleándose el estado del bienestar, cómo es posible que pueda seguir siendo el domingo el partido más votado? Pues porque como hicieron los republicanos en EE UU y como bien explica Joe Bageant, fueron los primeros en explorar la fórmula del populismo (político, mediático, social) y traer hacía sí a las víctimas de sus propias políticas. El éxito del Partido Republicano en EE UU y del Partido Popular en España entre los trabajadores no se debe tanto a la existencia de un plan organizado del neoconservadurismo como a las falsas ideas compartidas por montones de gente acerca de cuáles son los males de ambos países. El neoconservadurismo surgió de la misma forma en que nacen los movimientos de izquierda, siguiendo casi idéntico proceso y atendiendo a las mismas razones: un descontento ampliamente generalizado pero a la vez ignorado, vinculado en este caso a la erosión del nivel de vida. El Partido Popular aprovechó la coyuntura para ganar los favores de los trabajadores a un PSOE desgastado y que cometió errores similares a los del Partido Demócrata (pre-Obama). Ahora será interesante comprobar si ese perfil de votante sigue aguantando en las filas conservadoras o si una formación como Podemos es capaz de ser realmente transversal y pescar en caladeros alejados de lo urbano-joven, ganando espacio electoral en zonas rurales y recuperando el afecto de ‘trabajadores pobres’ que un día creyeron, erróneamente, que la solución  a sus desdichas estaba en el neoconservadurismo.

Joe Bageant

Joe Bageant