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Artur Domoslawski ha conseguido su objetivo: ahora mismo estamos hablando de su libro. Durante nueve largos años, Ryszard Kapuscinski acogió a Domoslawski como un pupilo y le enseñó el arte del buen periodismo. Ahora, quien fuera aprendiz pone en duda el buen ejercicio de su propio maestro. ‘Kapuscinski non-fiction’ es la biografía no autorizada del premio Príncipe de Asturias. Biografía no autorizada por Alicja Kapuscinska, viuda de Kapuscinski quien básicamente considera el trabajo de Domoslawski como una traición.

¿Pero qué hay realmente detrás de esta truculenta historia?… Política de bajos fondos para algunos y negocio para Artur Domoslawski.

Poner en duda la manera de relatar de Kapuscinski, la estructura de sus textos, el coqueteo entre la literatura y el reportaje periodístico, casi es una broma. Muchos autores lo han hecho,  lo hacen y lo harán. Hay que tener sabiduría, talento y valentía para hacerlo. Tampoco debe tomarse como una crítica, todo lo contrario, la idea de Kapuscinski de huir de las fuentes oficiales y centrarse en fuentes cercanas, en la gente corriente. El polaco fue un periodista del pueblo, un ‘periodista ciudadano’ del siglo XX. Por desgracia la oficialidad ha invadido nuestros medios de comunicación que se nutren de fuentes políticas-oficiales de medio pelaje que día sí y día también ocupan el 90% de los periódicos y de los informativos radiofónicos y televisivos.

Buena parte de su trayectoria periodística la ejerció como un periodista solitario que mandaba tristes teletipos desde cualquier parte del mundo a la Agencia Polaca de Prensa (PAP). Éste periodista observador y conversador tenía la necesidad vital de transformar aquellas tristes notas de agencia en libros de reportajes literarios que son hoy referente.

Entonces, más allá de una crítica a su obra o a su forma de ejercer el periodismo, ¿qué hay detrás de esta biografía no autorizada de Domoslawski?: una caza de brujas.

Durante el bienio negro de los gemelos Kazinsky, con el apoyo de la iglesia católica y todo su aparato mediático, en Polonia se instauró una caza de brujas contra la intelectualidad sospechosa de izquierdista; dicha caza de brujas se sustentaba en sembrar dudas sobre el pasado político de sus víctimas, acusándoles veládamente de haber sido colaboradores de los distintos gobiernos comunistas que tuvo Polonia. Domoslawski ha colocado un misil en la línea de flotación de la imagen del difunto Kapuscinski al criticar y elevar a importante una relación, por otra parte lógica, entre el autor y el régimen comunista. Domoslawski no es más que un peón de la recalcitrante y sectarea ultraderecha polaca que con los Kazinsky a la cabeza creó el Instituto para Memoria Nacional, no con el loable objetivo de la recuperación de la memoria histórica, sino con la deleznable tarea de hacer purgas que han llegado hasta Kapuscinski, incluso muerto.

Un cazador solitario, por Ramón Lobo