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Alexandr Solzhenitsin durante su reclusión en un Gulag en SiberiaHe disfrutado en esta etapa estival de dos lecturas (Susan George y Alexandr Solzhenitsin) y de los Juegos Olímpicos, tanto en su vertiente deportiva, como en su faceta comunicacional y política. En este sentido, debo decir que además de las demostraciones de Mikel Phelps, Usain Bold, de la Selección Española de Baloncesto o de Rafa Nadal, me han encantando esas ‘contracrónicas’ que se han hecho del ‘otro’ Pekín, de su lamentable trastienda, crónicas en muchos casos muy honestas, objetivas, críticas y bien documentadas, como son las de la veterana Rosa María Calaf en TVE. En cambio, en lo meramente deportivo, siguiendo con el Ente Público, se han echado en falta a muchos jubilados anticipados a los que inexplicablemente RTVE mandó a casa; demasiado talento desperdiciado.

Pero voy al grano, decía que ando metido en dos lecturas: Por una parte arranqué con un extraordinario ensayo de Susan George que lleva por título El Pensamiento Secuestrado, y como subtítulo: Cómo la derecha laica y la religiosa se han apoderado de Estados Unidos. La autora del Informe Lugano desvela con rigor quién construye la hegemonía ideológica de los Estados Unidos, muy en la línea de pensamiento del también norteamericano Chomsky. A poco más de dos meses para las elecciones presidenciales norteamericanas, leer este tipo de ensayos te ayudan a entender porqué Obama, en contra de lo que pueda parecer, lo tiene tan complicado para ganar.

Mi segunda lectura, también política, ha sido un reencuentro con Alexandr Solzhenitsin. Hace algunos años, rescaté de la prolija biblioteca de mi abuelo Archipiélago Gulag, el documento más duro y estremecedor sobre el genocidio stalinista. Se trata de un ejemplar de la primera edición que se editó por Plaza & Janes en el año 1974 y que ahora coincidiendo con su muerte estoy releyendo y comprendiendo. Un libro imprescindible para entender el siglo XX y algunas claves de la geopolítica del XXI.

Susan GeorgeVuelvo a China, país de economía capitalista y gobierno comunista. Potencia emergente en lo económico y medieval en la aplicación y desarrollo de los derechos humanos. China, una potencia mundial denostada por aquellos mismos que mercadean, negocian y se enriquecen o pretenden enriquecerse a su costa (Estados Unidos y Unión Europea). China se engrandece bajo esa fórmula que aglutina lo peor del neoliberalismo más salvaje, mezclado con un Órgano (Partido Comunista) que sigue marcando las pautas de la vida política china, exenta de democracia real y libertades. Y hoy, en cambio, el sentimiento de rechazo entre la población china a su Gobierno es minoritario y apenas está organizado un movimiento opositor. El Partido Comunista Chino ha aprovechado la pujanza de su economía para introducir el capitalismo en vena en las nuevas generaciones de chinos. Un consumismo exacerbado, a imagen y semejanza de Occidente, ha sido la mejor estrategia desmovilizadora y desideologizadora que el Órgano ha urdido con enorme éxito. Pero no debemos rasgarnos las vestiduras con lo que está pasando en China, nosotros (Estados Unidos y la Unión Europea) hemos alimentado a la ‘bestia’. China ha bebido y bebe de nuestras ‘fuentes’ y ha clonado a la perfección nuestros modelos de desarrollo económico. Las nuevas generaciones europeas y norteamericanas también han sido ‘desideologizadas’ e ‘idiotizadas’ a partir de un consumismo feroz que hace prevalecer un iPhone sobre una lectura crítica. No es un fenómeno chino, es un fenómeno global de enorme trascendencia, es al fin y a la postre el pensamiento secuestrado del que habla Susan George.