Inmigrantes hacinados en una nave industrial abandonada en Albacete. FOTO: AGUSTÍN VICO

Los cimientos sobre los que se sustenta la construcción europea son la cohesión económica y social y el estado del bienestar que subyace del citado modelo de cohesión. Los padres fundadores de la UE impulsaron un modelo político único en el mundo que pretende ser imitado en muchas zonas del planeta. Ahora, quizás más que nunca, nuestro modelo está en crisis y lo está una vez más por la visión nacionalista de muchos de los Estados miembros. El último episodio tiene que ver con el patrioterismo o nacionalismo económico español o francés derivado, en el caso español, de la bochornosa actuación de TODA la clase política entorno a las operaciones de compra de Endesa.

Europa sigue presa de los nacionalismos, de la cicatería de líderes mediocres que piensan más en el patio local que en el conveniente desarrollo y fortalecimiento de la UE. Y mientras eso pasa, el pilar del estado del bienestar se resquebraja y la cohesión es menos cohesión, es decir, nos alejamos de nuestra singularidad para mimetizar comportamientos de otros modelos neoliberales como el norteamericano o el japonés.

Un simple ejemplo puede servir para ilustrar nuestra desorientación:

Albacete (Castilla-La Mancha), ciudad gobernada por el PSOE. Un inmigrante muere calcinado hace una semana en la nave abandonada donde vivía hacinado junto con cientos de compañeros. Ese inmigrante anónimo, cuya muerte apenas ha tenido repercusión en los medios de comunicación (más allá de los locales), tenía los papeles en regla y se buscaba la vida día sí y día también trabajando en condiciones de precaridad máxima que, por supuesto, le impedían acceder a una vivienda digna. Para superar las durísimas temperaturas manchegas (este año se han marcado hasta 15º bajo cero en la zona), los inmigrantes recurren a las hogueras, y una hoguera fue precisamente lo que le costó la vida a esta persona. Hacen el trabajo que los españoles no queremos hacer, pero las administraciones son incapaces, en primer lugar de acabar con la explotación y los abusos, y en segundo lugar de ofrecer las mínimas garantías de acogida. En el caso que nos ocupa, asegura el alcalde que el centro de acogida de transeúntes tiene camas de sobra para los sin techo, aunque no matiza el edil que esas camas tienen una temporalidad muy limitada.

Un inmigrante ha muerto calcinado en estas naves industriales. FOTO: AGUSTÍN VICO

Este caso comentado sirve de ejemplo  muy gráfico para demostrar que la europa social en la que creyeron Schuman y Monet, entre otros, atraviesa por un momento muy delicado. Las políticas de inmigración de la UE dejan mucho que desear. El Estado del Bienestar queda lejos para muchos, sobre todo para la población inmigrante que arriesga su vida en el ‘sueño europeo’.

Y mientras estos pilares fundamentales se rompen, los líderes europeos se aferran a ese nacionalismo vergonzante, más aún en el caso español. ¡Qué difícil lo tenemos los que no somos patriotas, ni nacionalistas… los que no creemos en banderas, ni en himnos, ni en fronteras, los que simplemente nos sentimos europeos dentro de un contexto de universalidad y globalización bien entendida!

Dicho lo dicho, recurro como fórmula de autodefensa a aquello de: No defiendas la patria… defiéndete de los patriotas… vascos, catalanes, gallegos, españoles o de Cuenca…

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