No es recomendable vender la piel del oso antes de cazarlo porque luego pasa lo que pasa. En determinados círculos periodísticos, Angela Merkel era la nueva canciller de Alemania desde hace quince días, y todo porque los sondeos y las encuestas siguen primando más como fuente que el riguroso análisis del entorno social en cuestión. Hace unos días, a tenor de la aplastante victoria de Merkel, pedí consejo a una buena amiga alemana que trabajó como asesora de Helmult Kohl y ella me decía que no veía a Merkel al frente de Alemania por no tener talla política, por haberse rodeado de un mal equipo y porque la CDU no estaba lo suficientemente cohesionada, ni tenía la fuerza de antaño, cuando ella trabajaba como politóloga para los negros… ¡bingo!

Parece evidente que un descenso de alrededor de 20 escaños no es lo recomendable en quien aspira al cambio político y debe aprovechar un profundo desgaste de quien gobierna, fruto de una crisis económica sin precedentes en Alemania. Los resultados que se manejan en Alemania son francamente malos para Angela Merkel y buenos para Gerhard Schroder, de ahí la lógica preocupación de la primera y la manifesta alegría del segundo durante la noche electoral.

Así las cosas, tenemos un buen lío post-electoral en Alemania. Un primer análisis de urgencia podría determinar que Schroder y el SPD salvan otro match ball; que la CDU no consigue tener la confianza necesaria del electorado para emprender las reformas sociales y económicas que necesita el país para salir de la crisis; que los verdes se han estancado y han sufrido el voto de castigo implícito a ser socio de gobierno del SPD; que los liberales (socios naturales de la CDU en un posible Gobierno de centro-derecha) salen muy bien parados de todo este tinglado; y que uno de los grandes triunfadores de la noche tiene nombre propio, se llama Oskar Lafontaine y representa a la izquerda díscola y rupturista. Lafontaine se mueve, en número de escaños, por encima de los verdes, cerca de los liberales, y ha conseguido lo que quería, situarse como partido bisagra, indispensable para las duras negociaciones que se avecinan… veremos lo que pasa porque el lío es monumental y los pactos y alianzas dependen de mil variables políticas y personales que pueden provocar que tardemos muchas horas, incluso días, en despejar quien llevará las riendas de la Cancillería y de que color-colores será el nuevo Gobierno de la tercera potencia económica del mundo.