El próximo 3 de octubre será otra de esas fechas importantes en la historia de la construcción europea. Será ese día cuando se abran las negociaciones de adhesión de Turquía. La adhesión de los turcos se plantea como una auténtica revolución para la UE, la ampliación a diez de 2004 quedará como un juego de niños comparado con este proceso que cambiará en un futuro (lejano) las estructuras comunitarias. Hay que recordar que este gigante, puente entre occidente y oriente, viene demandando entrar en la UE desde antes que lo hiciera España, y que la falta de libertades y garantías democráticas han impedido que hasta ahora se abrieran las negociaciones de adhesión. La UE vive y crece a base de retos y ahora tiene, ante sí, uno de los más grandes de su historia.

El caso es que la presidencia británica de turno está jugando bien el tema turco. El jefe de la diplomacia del Reino Unido, Jack Straw no ha hecho movimientos extraños y simplemente se ha limitado a mantener los plazos y establecer puentes con Ankara. En la misma línea, está trabajando la Comisión, con Olli Rehn a la cabeza que es el comisario para la Ampliación. La UE no puede poner palos en las ruedas a este proceso, máxime cuando durante los últimos años Turquía ha hecho esfuerzos considerables, aunque es cierto que todavía tienen mucho camino por recorrer en lo que se refiere a garantías sociales y democráticas.

La Unión Europea ha optado por una postura coherente y honesta respecto a Turquía, una postura impopular en algunos países como Alemania, Francia o Austria donde abiertamente una parte de la ciudadanía y de la clase política de estos países rechaza el ingreso de Turquía, propugnando que se mantenga un tratado de libre asociación con ellos. El problema es que Turquía quiere más y no se puede frenar este proceso que durará todavía muchos años, sería como poner puertas al campo. Así las cosas, la UE ha emplazado a Turquía a cumplir los acuerdos internacionales establecidos si quiere que esas negociaciones de adhesión se inicien y se inicien con buen pie. En este sentido, lo que Bruselas demanda a Ankara es que normalice ya sus relaciones con Chipre, que de una vez por todas reconozca oficialmente a Chipre, país de pleno de derecho de la UE. Es absolutamente esquizofrénico querer ingresar en el club comunitario, sin reconocer a uno de sus socios.

Las cosas están claras por parte de la UE, Turquía debe cumplir el acuerdo aduanero que les obliga a abrir sus puertos a los barcos de Chipre. Es el punto de inicio que se ha marcado la Unión Europea: "Mientras Turquía no cumpla sus obligaciones contractuales con la Unión, no se abrirán las negociaciones sobre los capítulos relevantes para su futura adhesión". En resumen, la pelota está en el tejado de los turcos que tienen ante sí la oportunidad de iniciar el próximo 3 de octubre esas históricas negociaciones que tanto inquietan a Angela Merkel.