Veinticinco aniversario de Solidaridad
El 31 de agosto de 1980 se firmaron los acuerdos de Gdansk
El movimiento liderado por Walesa y respaldado por Juan Pablo II puso los cimientos para derrocar al comunismo

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Astilleros de Gdansk, el 31 de agosto de 1980. (Foto Embajada de Polonia)

El denominado Sindicato Autogestionario Independiente (NSZZ) Solidarmosc (Solidaridad) fue registrado por el Tribunal Supremo de Polonia el 10 de noviembre de 1980. Pero la historia y lucha de Solidaridad contra la dictadura comunista se inició unos meses antes, el 8 de julio de 1980 y se culminó con los históricos Acuerdos de Agosto firmados en Szczecin, el 30 de agosto, en Gdansk, el 31 de agosto, y Jastrebie, el 3 de septiembre. Polonia entró en un periodo de libertades que no conocía desde antes de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, miles de polacos que fueron parte activa de aquel movimiento social sin precedentes, sienten nostalgia y orgullo de lo que hicieron durante aquel verano del 80, y lo que hicieron no fue poco porque sentaron las bases del derrocamiento de la dictadura comunista, y como un castillo de naipes, lo que ocurrió en Polonia por aquel entonces se expandió al resto de países de la órbita soviética, desencadenando la descomposición de la URSS y la reunificación de Alemania que tuvo lugar en 1989.
Por eso, Polonia entera se vuelca en las conmemoraciones del 25 aniversario de aquel movimiento de masas, hoy convertido en leyenda y que fue liderado por Lech Walesa y apoyado decisivamente por Juan Pablo II. Aquel sindicato fue mucho más que una mera agrupación de trabajadores, Solidaridad fue un movimiento social que luchó por las libertades y contra el régimen comunista, un movimiento que puso a todos de acuerdo, a la derecha, la izquierda y, por supuesto, a la Iglesia católica que tuvo un papel decisivo en todo este proceso. Además, Solidaridad supo jugar con inteligencia la baza internacional y ganarse los más importantes apoyos fuera de Polonia, en una estrategia que se diseñó desde la oficina que el sindicato polaco montó en Bruselas.

Los astilleros de Gdansk vuelven a ser estos días el punto donde se centran las miradas de toda Polonia. Fundamentalmente es en esta ciudad del norte del país donde se concentran la mayoría de los actos conmemorativos de toda índole, políticos, culturales, sociales, científicos, etc. Hace 25 años, Lech Walesa, con el paso de los años Premio Nóbel de la Paz y presidente de la República de Polonia, se dirigía a los polacos –hecho insólito porque ese privilegio estaba reservado exclusivamente a los dirigentes del Partido Comunista- en la histórica declaración de Gdansk, posterior a la firma de los acuerdos alcanzados con el Gobierno y que supusieron la entrada en vigor de un periodo de libertades sin precedentes en Polonia: “Ya tenemos lo importante, ésta es nuestra garantía para el futuro. Hemos luchado no sólo por nosotros, sino por los intereses de todo el país y todos sabemos cuan grande ha sido la solidaridad de los trabajadores polacos en esta lucha”.

Aquel periodo de libertades duro dieciséis meses, justo hasta que el Gobierno comunista estableció el estado de guerra, ilegalizando Solidaridad y aplicando una represión, a través del ZOMO (Destacamentos Motorizados de la Milicia Activa) que dejó en el camino miles de torturados y cientos de desaparecidos y asesinados. De todos modos, gracias a las sólidas bases que se habían sentado en agosto de 1980, el enfermo sistema comunista se fue agrietando hasta no poder aguantar más en el poder de Polonia. Fue en abril de 1989, cuando el Tribunal Regional de Varsovia volvió a inscribir de nuevo a Solidaridad en el registro de sindicatos, habían pasado siete años y cuatro meses desde la ilegalización.

Ahora, miles de polacos que fueron parte activa de aquel movimiento social sin precedentes, sienten nostalgia y orgullo de lo que hicieron durante aquel verano del 80, y lo que hicieron no fue poco porque sentaron las bases del derrocamiento de la dictadura comunista, y como un castillo de naipes, lo que ocurrió en Polonia por aquel entonces se expandió al resto de países de la órbita soviética, desencadenando la descomposición de la URSS y la reunificación de Alemania que tuvo lugar en 1989.Por eso, Polonia entera se vuelca en las conmemoraciones del 25 aniversario de aquel movimiento de masas, hoy convertido en leyenda y que fue liderado por Lech Walesa y apoyado decisivamente por Juan Pablo II. Aquel sindicato fue mucho más que una mera agrupación de trabajadores, Solidaridad fue un movimiento social que luchó por las libertades y contra el régimen comunista, un movimiento que puso a todos de acuerdo, a la derecha, la izquierda y, por supuesto, a la Iglesia católica que tuvo un papel decisivo en todo este proceso. Además, Solidaridad supo jugar con inteligencia la baza internacional y ganarse los más importantes apoyos fuera de Polonia, en una estrategia que se diseñó desde la oficina que el sindicato polaco montó en Bruselas.

Los astilleros de Gdansk vuelven a ser estos días el punto donde se centran las miradas de toda Polonia. Fundamentalmente es en esta ciudad del norte del país donde se concentran la mayoría de los actos conmemorativos de toda índole, políticos, culturales, sociales, científicos, etc. Hace 25 años, Lech Walesa, con el paso de los años Premio Nóbel de la Paz y presidente de la República de Polonia, se dirigía a los polacos –hecho insólito porque ese privilegio estaba reservado exclusivamente a los dirigentes del Partido Comunista- en la histórica declaración de Gdansk, posterior a la firma de los acuerdos alcanzados con el Gobierno y que supusieron la entrada en vigor de un periodo de libertades sin precedentes en Polonia: “Ya tenemos lo importante, ésta es nuestra garantía para el futuro. Hemos luchado no sólo por nosotros, sino por los intereses de todo el país y todos sabemos cuan grande ha sido la solidaridad de los trabajadores polacos en esta lucha”.

Aquel periodo de libertades duro dieciséis meses, justo hasta que el Gobierno comunista estableció el estado de guerra, ilegalizando Solidaridad y aplicando una represión, a través del ZOMO (Destacamentos Motorizados de la Milicia Activa) que dejó en el camino miles de torturados y cientos de desaparecidos y asesinados. De todos modos, gracias a las sólidas bases que se habían sentado en agosto de 1980, el enfermo sistema comunista se fue agrietando hasta no poder aguantar más en el poder de Polonia. Fue en abril de 1989, cuando el Tribunal Regional de Varsovia volvió a inscribir de nuevo a Solidaridad en el registro de sindicatos, habían pasado siete años y cuatro meses desde la ilegalización.

Los ‘heroes de agosto’

Así se les llama a aquellos que encabezaron las duras negociaciones, manifestaciones y protestas pacíficas que se produjeron en toda Polonia durante el verano de 1980 y que eran el núcleo duro y visible del movimiento Solidaridad. Aunque todo se culminó en Gdansk, fue en Lublin donde se inició todo el ‘proceso revolucionario’.  Sólo en esta ciudad participaron en las protestas más de 150 empresas y más de 50.000 personas. Aquello se extendió como la pólvora y el 14 de agosto de 1980 empezó la huelga de los Astilleros de Gdansk. Los héroes de aquella movilización que fue clave en el devenir de los
acontecimientos, fueron Anna Walentymowicz, Lech Walesa y el sacerdote Henryk Jantowski que celebró una misa para la historia en el mismo lugar donde en 1970 murieron seis obreros por culpa de la represión policial. Jantowski colocó una cruz en el mismo sitio donde cayeron los trabajadores.

El 26 de agosto de 1980 las huelgas ya se habían extendido por todo el país, destacando importantes movilizaciones en Cracovia, Katowice o en Wroclaw. Lo que se estaba moviendo dentro de empresas como Dolmel, una de las fábricas más importantes de Polonia en los años ochenta, dejaba bien a las claras la magnitud de los cambios que se empezaban a gestar en la sociedad polaca. Dos días después, el 28 de agosto, empezó otra de las grandes huelgas,  la de los mineros de Jastrzebie que hizo insostenible la situación para los gestores comunistas. Solidaridad logró todas sus demandas, incluida la liberación de los presos políticos, demandas que quedaron rubricadas en los textos de Szczecin, Gdansk, y Jastrezebie, conocidos como los Acuerdos de Agosto que hoy se conmemoran.
Además de hacer tambalearse a la dictadura comunista y de levantar conciencias, Solidaridad consiguió la aceptación de sindicatos libres, la garantía del derecho de huelga, el respeto de la libertad de expresión, la readmisión de despedidos por cuestiones políticas, la puesta en libertad de presos políticos, el aumento del sueldo base y otros derechos fundamentales relacionados con las jubilaciones, pensiones de invalidez, sanidad pública, vivienda, etc.

Aunque es innegable cierto escepticismo en parte de la población polaca que ha visto el proceso de burocratización y la pérdida del romanticismo de la antigua Solidaridad –poco o nada tiene que ver con el sindicato de hoy en día-, lo cierto es que el país se ha volcado en el 25 aniversario de los Acuerdos de Agosto y prueba de ello son las más de 125.000 entradas vendidas para el concierto de Jean Michel Jarre, en Gdansk o el boato que rodea a actos institucionales como el que tendrá lugar el 31 de agosto, también en Gdansk, con la presencia del arzobispo Dziwisz, mano de derecha de Juan Pablo II durante su papado, ahora obispo de Cracovia y enviado de Benedicto XVI para este evento. Dziwisz leerá un escrito del propio Papa. Además está confirmada la presencia de varios presidentes y primeros ministros, como es el caso de los de Alemania, Ucrania, Hungría o la República Checa, entre otros.

Estos actos institucionales se complementan con otros de marcado carácter político, donde participan historiadores, sociólogos, periodistas y, por supuesto, los héroes de agosto. Se trata de conferencias internacionales que quieren convertirse en una especie de foro-revulsivo para disidentes de regímenes como los de Bielorrusia, Rusia, Corea del Norte, Cuba, Birmania, Zimbabwe, Afganistán, Siria e Irán, entre otros. Los departamentos de política internacional, tanto del Partido Demócrata, como del Partido Republicano, de los Estados Unidos, participan y respaldan con su presencia todos los foros que celebran los Acuerdos de Agosto, no hay que olvidar que Solidaridad contó en sus orígenes con un apoyo incondicional del lobbie americano y que Polonia, aunque enclavado en el corazón de Europa, sigue siendo un país devotamente atlantista.