“La izquierda rumana tiene poco que ver con la europea porque sus raíces se hunden todavía en la dictadura comunista”

“Gobierne quien gobierne hay que erradicar la corrupción y reducir las tasas de inmigración”

REPORTAJE (Bucarest-Rumanía)

El próximo domingo 12 de diciembre, los rumanos volverán a votar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Adrian Nastase y Trian Basescu se disputan la presidencia tras una primera vuelta ensombrecida por denuncias de fraude electoral y que dejó a Nastase en una posición inmejorable para revalidar su actual mandato.

Los rumanos que trabajan denodadamente para ingresar en 2007 en la UE, tuvieron y tienen que optar en las urnas entre una fórmula social-demócrata con raíces comunistas, como es el PSD (Partido Socialista), injertada con un simulacro de tipo popular con veleidades cristiano-demócratas, como es el PUR (Partido Humanista Rumano), frente a una fórmula liberal: la Alianza Justicia y Verdad, formada por el PNL (Partido Nacional Liberal), los socialdemócratas del PD (Partido Demócrata) y el PDSR (Partido Democrático Socialista Rumano). Es decir, en Rumania las dos formaciones políticas que se disputan la presidencia del Gobierno son de izquierdas, aunque con matices. En este sentido, la politóloga rumana Silvia Marcu explica que “la izquierda rumana tiene bien poco que ver, desgraciadamente, con la izquierda europea, pues su raíces se hunden todavía en la dictadura comunista”.

El pasado 28 de noviembre, los electores votaban la primera ronda de las presidenciales y definían con su voto la composición del Parlamento. En el Congreso, de un total de 332 escaños, 132 serán ocupados por la coalición PSD-PUR, mientras que la Alianza Justicia y Verdad obtuvo 112 escaños. Por su parte el Partido Rumania Grande (PRM) logró una representación de 48 diputados y la Unión Demócrata de los Magiares de Rumania (UDMR), obtuvo 22. En el senado, para un total de 137 escaños, se produjeron las mismas proporciones. Ahora, para la segunda vuelta de las presidenciales, Nastase que logró un 41% de los votos, frente al 34% logrado por Basescu, parte con ventaja: “Los electores optarán por una izquierda declarada, identificable, aceptable y conocida –dice Silvia Marcu-, en detrimento de una izquierda social-liberal difícil aún de definir y de identificar, y precisamente por ello, difícil de comprender, sobre todo por la mayor parte del electorado de Rumania que proviene del ámbito rural, y que espera una figura paternal en la presidencia”.

Adrian Nastase, el líder del PSD, es el actual primer ministro rumano y representante del partido que nació del FSN (Frente de Salvación Nacional) que, a su vez, se instaló en el poder, en la misma noche de la huída y captura de Ceausescu (diciembre de 1989). Es el delfín de Ion Iliescu, el actual presidente de Rumania, personaje que ha dominado la política rumana durante los últimos 15 años. Por su parte, Traian Basescu, es el actual alcalde de Bucarest, líder de la Alianza Justicia y Verdad y representante del Partido Nacional Liberal. El propio Basescu abanderó la denuncia de fraude y exigió la repetición de las elecciones del día 28, aunque la Comisión Electoral ratificó los resultados, una Comisión Electoral dominada por jueces nombrados por el PSD.

Silva Marcu, profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid explica sobre ese posible fraude que “el partido que gobierna respetó las reglas del juego democrático hasta un cierto punto, después del cual mostró tendencias autoritarias, realizó filtraciones en las instituciones del Estado y de la prensa que a muchos nos recordaron a la manera de actuar de la policía secreta (Securitate) de la época de Ceausescu, además se han distribuido fondos gubernamentales con criterios de clientelismo”.


El presidente Basescu

Turismo electoral, corrupción e inmigración

Expertos como la profesora Marcu son de la opinión que “las estructuras que hubieran debido ser imparciales se accionaron como si hubieran sido subordinadas políticamente. El 28 de noviembre, en muchos departamentos del país donde el partido del gobierno tiene el control, se señalaron comportamientos abusivos en el escrutinio”.

Ni el Instituto Nacional de Estadística de Rumanía, ni la UE, ni los Estados Unidos han escuchado las denuncias de la oposición. Y mientras, la Comisión Electoral Central ha admitido la solicitud de Basescu de tener acceso a las listas permanentes y suplementarias de los votantes, con vistas a la comprobación de la posibilidad de fraude electoral de tipo ‘turístico’. El supuesto ‘turismo electoral’ organizado por el partido del gobierno, el PSD, tiene que ver con la movilización de electores que votaron organizadamente en varias circunscripciones del país.
“Más allá de estas irregularidades, acusaciones y debates, una cosa está clara –añade Marcu- y es que los rumanos no optaron de manera decisiva por el cambio. La oposición no consiguió entonces, ni creo que lo haga el próximo día 12, unir las energías de los rumanos, no pudo encender la imaginación del ciudadano de a pie para que le votara”.

Muchos expertos, como Marcu, consideran que “el cambio siempre es bueno y nos recuerda que vivimos en una democracia, aunque en el caso rumano no se trate de una democracia consolidada. Pero independientemente de quién gobierne durante los próximos cinco años en Rumania, este país tiene que conseguir fabricar una imagen positiva de cara al resto del mundo, erradicando la corrupción y reduciendo las tasas de inmigración”.


Palacio de la Prensa Libre, en Bucarest

Predicadores radicales y magiares

El espectro político rumano se completa con dos formaciones pintorescas como son el Partido Rumania Grande y la Unión Demócrata de los Magiares. En lo que se refiere al voto obtenido por el representante de los primeros, Corneliu Vadim Tutor, hay que señalar que ha disminuido considerablemente si se compara con las elecciones de 2000, cuando llegó a la segunda vuelta obteniendo un 33,17% de los votos, ahora se ha quedado en un 12,5%. El líder de Rumania Grande se considera un presidente cristiano, con vocación nacional, patriótica, lee fragmentos de la Biblia en los finales de sus mítines y consigue llamar la atención de los ciudadanos en los debates televisados recitando el Padre Nuestro.

Tudor, pese a su fervor religioso actual, es un nacionalista antisemita que proviene de la antigua ‘corte comunista’ de Ceausescu. Le votan la población de las regiones más pobres o como indica la profesora Marcu, Vadim Tudor representa a los “perdedores de la transición y ni él, ni su partido tienen futuro en Rumania, a medida que el país vaya consolidando su democracia, y que los ciudadanos cambien su mentalidad, disminuirá el voto para el PRM y su líder”. “El nacionalismo expresado en sus formas radicales no tiene futuro en Rumania”, añade.

Por su parte, la Unión Demócrata de los Magiares es el partido representante de la minoría húngara en Rumania y representa algo más del 7% de los votantes. Su programa electoral consiste en la mej

ora de las condiciones de vida de los ciudadanos de la etnia magiar. Mantienen un discurso político moderado, con líderes moderados y esta semana han anunciado que apoyaran a Nastase, siendo un respaldo fundamental de cara a la victoria final del líder del PSD el próximo domingo