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Por JOSÉ LUIS GONZÁLEZ.-

Sirvan estas lineas para hablarles del Otro y el Diferente (para reflexionar sobre Cataluña y España) y para fijar mi posición (que no agradará a muchos) ante amigos, familiares, compañeros, conocidos, etc, en un momento en donde todo se ha tensionado peligrosamente.

LOS NACIONALISMOS. Siempre tuve muchos recelos hacia las ideologías nacionalistas, vinieran de donde vinieran. Respeto, como no podía ser de otra forma, a quienes son nacionalistas y ejercen esa opción desde la moderación, pero considero que el nacionalismo tiene en su ADN la exclusión del Otro, del Diferente. Mientras en España se pudieron tejer los mimbres suficientes para un mínimo entendimiento y convivencia entre territorios, el país tiró hacia adelante y nos pudimos centrar en los problemas que afectan a todos y que son los mismos para esos supuestos diferentes: la economía, el paro, la corrupción, etc.

Soy de la opinión que el espantajo de los nacionalismos más reaccionarios se activa a modo de cortinas de humo para tapar vergüenzas. Algo así ha pasado ahora, aunque se les ha ido de las manos. Tras la deriva nacionalista catalana subyace una oligarquía podrida de corrupción que vio en el independentismo la escapatoria perfecta a sus fechorías. Enfrente el nacional-catolicismo español, bien acomodado en un Partido Popular también podrido por la corrupción, y que históricamente no ha tenido el más mínimo reparo en agitar las banderas cuando electoralmente les ha parecido conveniente. Cuando se manipulan los sentimientos nacionalistas y religiosos de la clientela (electorado), la razón se desploma, la víscera lo puede todo y entramos en un peligroso fango como el que ahora nos invade.

La organización territorial en España estaba bien encauzada con el Estatuto de Autonomía de Cataluña que el Partido Popular derribó. Aquel recurso de inconstitucionalidad de 114 de los 223 artículos, presentado por los populares en 2006, y que se hizo efectivo en 2010, fue el detonante y el origen de los lodos de hoy. La vigencia de aquel Estatuto y el progreso inteligente y dialogado hacia una modernización de nuestro modelo de organización territorial, avanzando hacia un Estado Federal, hubiesen permitido un marco de convivencia con el Otro y el Diferente para varias décadas. Pero agitar banderas y patrias da más votos y los populares sacrificaron Cataluña para recuperar La Moncloa. A partir de ahí, Mariano Rajoy, el presidente más inepto de la historia de la Democracia, se convirtió en una fábrica de independentistas. El resto de la historia ya la saben.

Franco saluda a Felipe VI, en presencia de Juan Carlos I

LA CORONA. Vaya por delante que soy Republicano, no soy muy objetivo por tanto con una institución anacrónica que es una herencia del Franquismo y que representa ese nacional-catolicismo del que hablaba antes, ejemplo del nacionalismo más rancio y autárquico. Las oligarquías franquistas supieron adaptarse a la Democracia y seguir manteniendo sus cuotas de poder en el conjunto del Estado. Algo parecido ocurrió con la Monarquía. La aparición televisiva del Rey Felipe VI durante la noche del 3 de octubre de 2017 fue decepcionante, y lo fue por ser una marioneta del Gobierno del Partido Popular y por abandonar la premisa de que un Jefe de Estado debe jugar un papel de árbitro y no tomar parte. Esa noche el Rey desconectó con millones de otros y diferentes, en Cataluña y fuera de Cataluña. Lejos de tender puentes con el diferente y buscar puntos de encuentro, el Borbón los dinamitó. Un pirómano de Palacio que con esa intervención también generó un buen número de republicanos para la causa.

EL REFERÉNDUM. Si España fuese un país democrático que dista mucho de ello, el proceso de organización y convivencia territorial comentado anteriormente, podría haberse culminado con un referéndum de autodeterminación pactado entre el Estado y la Generalitat. Siempre miro y seguiré mirando a Quebec y Escocia, ese era el modelo a seguir. Un referéndum con garantías legales, con una pregunta múltiple que contemplara una tercera vía (estado federal), con plazos razonables y con porcentajes similares a los pactados entre Quebec y Canadá. Con todas las fuerzas políticas haciendo campaña por alguna de las opciones. Eso es democracia, pero eso le daba pereza a Rajoy. Les puedo asegurar que en un marco de no intervención del Estatuto de Autonomía (2006) y sin un Gobierno incendiario como éste, ese referéndum garantista no lo hubiera ganado el independentismo. Unos cuantos años después y con los nacionalismos totalmente hormonados, sigo pensado que la única salida a este atolladero pasa porque otros actores políticos menos contaminados sean capaces de negociar ese referéndum garantista modelo Quebec-Escocia. Evidentemente, el PSOE-PSC sería un actor fundamental para ésto y para avanzar hacia el federalismo que templara gaitas nacionalistas unas cuantas décadas.

Multitudinarias movilizaciones independistas en Cataluña.

LA DESOBEDIENCIA CIVIL. Lo que pasó el 1 de Octubre de 2017 en Cataluña fue el mayor acto de desobediencia civil jamás visto en este país. La secuencia de hechos comentada y analizada en los tres primeros puntos sirve para comprender como se fue gestando este estallido social pacífico. Evidentemente, de esos millones de personas que salieron a la calle para votar en un referéndum no garantista, muchos lo harían manipulados por la maquinaria de propaganda nacionalista catalana, pero otros muchos tomarían esa decisión libremente, sin presiones. Fuera como fuese, solo un cretino podría negar esa realidad social que se estaba gestando desde hace siete años en Cataluña. Más que un cretino, un irresponsable que parapetado en el Tribunal Constitucional, en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y hasta en el propio Jefe del Estado, buscó un choque de trenes que sabe perfectamente que le favorecía, en primer lugar por la dimensión de los trenes, y en segundo lugar porque el nacional-catolicismo bien agitado y movilizado da muchos votos.

Las leyes están para cumplirse, estamos en un Estado de Derecho, estamos de acuerdo, pero ese karma tiene sus grietas. Leyes obsoletas o superadas por realidades sociales se modifican o directamente se derogan. Una llamada de Angela Merkel bastó para hacer una reforma exprés de la Constitución y que los ciudadanos nos hiciéramos cargo de los rescates bancarios, entre otras tropelías durante la crisis. La desobediencia civil de carácter pacífico ligado a los movimientos sociales ha permitido el avance de las democracias, ejemplos tenemos muchos en Estados Unidos, Sudáfrica, Francia, etc. En España, el Servicio Militar se derogó gracias a la desobediencia civil que lideró el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia) y que acabó cuando el primer Gobierno presido por Aznar (en minoría) suprimió la ‘mili’. La sensibilidad e inteligencia de quien gobierna para los suyos y también para los Otros y los Diferentes, resulta fundamental para solventar pacíficamente las presiones sociales que subyacen de la desobediencia civil.

LA VIOLENCIA DEL ESTADO. Las imágenes del 1 de Octubre que han dado la vuelta al mundo, de los excesos policiales sobre una población armada de ‘nacionalismo’, banderas y votos, son directamente repugnantes y condenables. Algunos pretendían que el Gobierno, el Partido Popular o el Rey Felipe VI condenarán esas actuaciones, algo completamente ingenuo si tenemos en cuenta que fue el propio Gobierno quien diseñó este fin de fiesta (aunque el Borbón pudo estar más fino). La violencia venga de donde venga, en una u otra dirección, en cualquier ámbito, la violencia siempre es ruín, más aún cuando es desproporcionada porque una de las partes está indefensa. Justificar lo que pasó en Cataluña es miserable y nos pone en un nivel de bajeza moral muy alarmante. El fracaso de la política, de la negociación, de la palabra, el fracaso total es la violencia. Tristemente, España y también Cataluña, se han significado durante los últimos años por excesos policiales de proyección internacional (recortes, deshaucios, etc). También es discutible éticamente que ante la previsión de represión policial por parte del Estado, las autoridades catalanas expusieran a la población de forma tan temeraria.

Violencia desproporcionada el 1-O en Cataluña

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Trabajamos esta semana en clase la Teoría de la Acción Comunicativa de Habermas. Estudiamos demasiados casos instalados en lo que sería la instancia receptiva y muchos menos en la instancia crítica. Si repugnante es la violencia o la irresponsable acción política de quien hace política nacionalista de bajos instintos, no menos repugnante es el papel de muchos medios de comunicación que en Madrid y Cataluña han hecho y hacen periodismo incendiario, de trincheras. Desde algunas de esas redacciones se hace nación y todos los días se refuerza o construye directamente el discurso de los Gobiernos que publicitariamente sostienen a muchos de esos medios. Un discurso que excluye al Otro, al Diferente que lo machaca que incita al odio, la desesperanza y hasta a la violencia. Especialmente denunciable es el caso de las televisiones públicas, tanto TVE como TV3 que se han convertido en auténticas herramientas de propaganda, sin rigor periodísticos, lideradas por comisarios políticos. Son momentos muy complicados para la profesión periodística, pero también es cierto que no solo tenemos palmeros manipuladores, y estamos encontrando medios y periodistas que están haciendo coberturas dignas, críticas, difíciles, valientes y comprometidas. Y bueno, siempre nos quedará la prensa internacional que nos está sacando los colores con magnificas coberturas que aquí se tapan o manipulan.

Portada del New York Times reflejando el caos en Cataluña.

Nuestra democracia está muy tocada. No creo en religiones, patrias, ni banderas, solo creo que el diálogo con Otro, con el Diferente es posible, es enriquecedor, y es la única solución a este callejón sin salida en el que nos han metido los mediocres salvapatrias profesionales españoles y catalanes. Dialogar no es aprobar con calzador y en minoría una independencia traumática, dialogar no es reprimir brutalmente a millones de catalanes ante los ojos perplejos de la comunidad internacional, ni humillarlos un poco más aplicando la suspensión de la Autonomía. Dialogar es intentar ganarse la confianza del otro, respetarlo en sus diferencias y encontrar soluciones políticas que algunos tenemos bien claras y que ya se han avanzado en estas lineas. Dialoguen imbéciles, dialoguen.

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