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Rubén TorresLa cultura es un concepto dotado de manifestaciones materiales e inmateriales. Esta última dimensión está vinculada la cuestión de la diversidad cultural, un fenómeno de expansión en los Estados miembros de la Unión Europea. La cultura jurídica puede considerarse como un subsistema perteneciente a un conglomerado constituido por otros subsistemas como la cultura política, la cultura administrativa, las tendencias sociales.

Cuando abordamos la diversidad cultural, los grupos, las comunidades y sus respectivos sistemas de creencias adquieren un rol protagónico como minorías que algunos casos no son aceptadas o están estigmatizadas socialmente. La dimensión inmaterial de la cultura está configurada por valores, creencias individuales, visiones de grupos y comunidades de pertenencia o de referencia, referencias institucionales y sociales, etc. El carácter simbólico y subjetivo de estas influencias socializadoras convierte al tema de diversidad cultural en un objeto de estudio susceptible de un tratamiento metodológico cualitativo y de vocación pluridisciplinaria.

El líder de UKIP, Nigel Farage, en un acto de campaña a favor del Brexit | FACUNDO ARRIZABALAGA

El líder de UKIP, Nigel Farage, en un acto de campaña a favor del Brexit | FACUNDO ARRIZABALAGA

Desde esta perspectiva, el concepto de cultura jurídica definido como un modelo de interpretación y esquemas de acción, tal como lo propugna Anthony Giddens, ofrece al investigador la oportunidad de operar con otros conceptos vinculados a la cultura jurídica, como por ejemplo, la cultura política y la cultura administrativa. Los modelos construidos por Giddens de interpretación y esquemas de acción de la población, y modelos de interpretación y esquemas de acción de los actores del ámbito judicial, brindan al investigador un enfoque investigador completo para la comprensión y gestión de la diversidad cultural, debido a que permite establecer relaciones, niveles de convergencia entre la interpretación y esquemas de acción de la población y de los actores del ámbito de la justicia e institucional.

Este aspecto es esencial en el tema de la diversidad cultural, concretamente en el establecimiento de diferenciaciones entre tendencias sociales y tendencias institucionales respecto a esta cuestión. Se puede considerar plausible la conclusión de que el interés en la cultura jurídica de Europa como un fenómeno cultural identificable, es aún universo insuficientemente e inexplicablemente inexplorado. Esta constatación sugiere que la identidad política de Europa aún está en una etapa de desarrollo post inicial. Esta aseveración es compatible con la identificación de una cultura europea afín o común en el campo de la cultura jurídica.

La diversidad cultural en el ámbito europeo es un fenómeno que tiene su origen y desarrollo en varios factores desencadenantes. Uno de ellos es el estatus de ex metrópoli colonial de no pocos países. Otros factores relevante es el iniciado tras 1989, la caída del Muro de Berlín, la extinción de la Unión Soviético, el auge de los nacionalismos con fuerte componentes étnicos y religiosos, la globalización del transporte y de las nuevas tecnologías de la comunicación, de la información, la libre circulación de personas dentro de la UE, etc.

En los años recientes los factores que han incidido en la diversidad cultural se han incrementado notoriamente, y traducido en un éxodo de inmigrantes y refugiados procedentes de Medio Oriente, Asia Central, el norte de África y el África Subsahariana con rumbo a Europa. Se trata de un cambio social acelerado que somete a una presión considerable a las capacidades de adaptación legislativa, a los criterios de interpretación y aplicación normativa, y sobre todo, a las cogniciones, disposiciones, actitudes, discurso y pautas de comportamiento colectivo ante una diversidad cultural en transformación acelerada.

El devenir de los conflictos en Irak, Afganistán, Yemen, Libia y Siria ha dejado de manifestarse exclusivamente en los escenarios de Medio Oriente y África del Norte, y se han trasladado en forma de atentados terroristas a las ciudades europeas. Este factor añade complejidad al estudio de la diversidad cultural, y por ello, las explicaciones científicas que desvinculan la violencia radical y el terrorismo de una religión, en este caso el Islam, no llegan a calar en la opinión pública con un alcance general. Así lo sugieren, las tendencias y movimientos sociales y políticos emergentes antagónicos a la inmigración, los refugiados, el Islam, y por tanto, a las manifestaciones materiales e inmateriales de esa diversidad cultural emergente.

Actos de islamofobia en el corazón de Europa.

Actos de islamofobia en el corazón de Europa.

Los grupos y movimientos etnocentristas y anti inmigración y refugiados, tiene un correlato político que alcanza ámbitos de poder local, regional, y en los casos de Hungría y Polonia, al gobierno de esos Estados. Los apercibimientos recibidos por estos gobiernos relativos a los derechos humanos y libertades fundamentales impactan de lleno en la cuestión de la diversidad cultural, esa dimensión inmaterial de la cultura visible en la sociedad, cuya gestión debe enmarcarse en la órbita de las orientaciones, recomendaciones, convenios y otros actos concebidos para la protección producidos por la UNESCO, el Consejo de Europa y la Unión Europea. Los grupos y movimientos anti diversidad cultural esgrimen discursos anclados en una concepción que concibe la cultura europea como un ente monolítico, inalterable, anclado herméticamente en la tradición cristiana, el nacionalismo y la raza blanca. Esta visión mítica, simplificada y utópica, es desmentida por la realidad social y las prácticas y hábitos sociales diversos culturalmente y compatibles con la cultura jurídica tradicionalmente vigente, salvo excepciones no generalizables.

La manifestación material de la violencia terrorista que en este caso pretende identificarse con el Islam es desmentida por un indicio estadístico que revela que un 25% de los seguidores y enrolados en el Daesh son conversos sometidos a un proceso de radicalización on line o digital . Este dato, nos indica que la amenaza terrorista no puede vincularse al Islam, ni a las culturas islámicas, sino a un fenómeno asociado al fracaso de las instancias socializadoras tradicionales como la familia, el barrio, la escuela, la ciudad, el estado, la nación, y la religión. Estas instancias institucionales socializadoras tradicionales son sustituidas por una socialización digital, por tanto postmoderna y por consiguiente, desvinculada del Islam y de las culturas islámicas, aunque el Daesh pretenda representar lo contrario

Todo ello en un contexto global de transformaciones tecnológicas amplias y profundas que afectan a los mercados de trabajo,, a la erosión del Estado y de los Sistemas de Bienestar vigentes en Europa, al desgaste de la capacidad financiera de los Estados derivada de la crisis, y a la vigencia de expectativas difusas y desorientadoras respecto del porvenir .

En este contexto, el riesgo metodológico o perceptivo de confundir los factores materiales, económicos y sociales analizándolos como cuestiones intrínsecas de la diversidad cultural. Cualquier explicación doctrinal tiene los suficientes instrumentos teóricos y metodológicos a su disposición para delimitar y diferenciar una problemática constituida por factores económicos y financieros, de otra cuya naturaleza es cultural. La problematización cultural de los problemas económicos se traduce en la búsqueda de chivos, que en el caso europeo, son los musulmanes que han reemplazado en ese rol a la comunidad judía .  La mayoría de los estudiosos coinciden en la necesidad de combinar factores estructurales y culturales en la investigación de la cultura considerada como acervo jurídico.