Imagen del atentado de Omagh, en agosto de 1998 

Macabras casualidades del destino. En el mismo momento que se sienta en el banquillo de los acusados uno de los presuntos culpables de la ‘matanza’ de Omagh, en España el proceso de paz se tambalea porque otros asesinos amenazan con volver a matar. Dos conflictos paralelos, muchas veces comparados de manera errónea y malintencionada, aunque bien es cierto que nunca hay que perder de vista el pasado, presente y futuro del problema norirlandés para así comprender mejor nuestro problema.

En agosto de 1998, el IRA Auténtico obtuvo sus más altas cotas de fama cuando provocó el más sangriento atentado terrorista en la historia del conflicto norirlandés. En pleno proceso de paz, cuando unionistas y republicanos moderados llegaban a puntos de encuentro, escenificado en el premio Nobel de la Paz que ganaron John Hume y David Trimble; en un momento, en el que el Sinn Fein trabajaba duro en el desarme de IRA y se conseguía reconducir el conflicto hacia el terreno exclusivamente político, en ese preciso momento, una escisión del IRA, llamada IRA Auténtico, provocó una matanza que hizo tambalear el proceso. Al margen de que aquel atentado pudo evitarse y los servicios de inteligencia del Reino Unido e Irlanda no lo hicieron porque la vuelta a las armas del IRA suponía su total descreditación ante la sociedad, al margen de algo tan lamentable como ésto, lo cierto y seguro es que la sombra de Omagh planea sobre España.

Tres terroristas encapuchados y armados, aparecían este pasado fin de semana en un acto militar, nacionalista y radical del entorno de Batasuna y amenazaban con volver a matar para conseguir la independencia de Euskadi. Ahora más que nunca, ante la posibilidad de que sectores incontrolados e incontrolables de ETA puedan emular al IRA Auténtico y organizar una matanza en nuestro país, ahora más que nunca, el Gobierno español debe ser firme, también el Gobierno vasco y también se espera un ápice de cordura en quienes tanto miran a un Sinn Fein que siempre jugó un papel mucho más dialogante, conciliador, realista e inteligente que Batasuna.