Isabel, en la puerta principal de Auschwitz, delante de la cruel y ya famosa leyenda del: Arbeit Macht Freei (el trabajo os hará libres)

Se han cumplido 61 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz por parte de los aliados, y uno de mi última visita a la pequeña localidad polaca de Osweciem en donde se encuentra el museo estatal del holacusto nazi. Un funcionario me permitió entrar en la ‘residencia de la muerte’, fuera del horario de visitas, caía la noche en Polonia, estábamos a nueve bajo cero, todo nevado, frío y viento. Ni un alma, ni un sonido, un espacio muerto, con la única luz encendida, tenebrosa, de la cámara de gas y el crematorio. Visitar Auschwitz-Birnekau te ayuda a entender muchas cosas y sobre todo, aunque pueda parecer una paradoja, refuerza tus sentimientos vitales y de paz.

Camino hacia la cámara de gas (zona de seguridad de Auschwitz)La cámara de gas: cientos de miles de personas fueron asesinadas al traspasar esa pequeña puerta

El interior de la cámara de gas de Auschwitz. Aquí se hacinaban los prisioneros y eran gaseadosUna vez gaseados eran incinerados en estos crematorios anexos a la cámara de gas. Las cenizas de Auschwitz llegaban hasta Cracovia. Esta máquinaria de matar funcionó durante cuatro años sin interrupción

Artículo recomendado de Ramin Jahanbegloo*: Testigos de Auschwitz (*el autor es un filosofó iraní, director del Departamento de Estudios Contemporáneos en el Cultural Research Bureau de Teherán. Ha sido publicado en el diario El País y traducido por News Clips)

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