Arnold perdió el músculo y también el sentido... si alguna vez lo tuvo

El pésimo actor metido a pésimo político Arnold Schwarzenegger se supera. En apenas un mes, Arnold ha culminado dos crímenes de estado, el primero perpetrado el pasado 13 de diciembre de 2005 contra la persona de Stanley Williams que había dado un giro a su existencia repudiando la violencia y encabezando causas de derechos humanos y civiles que incluso le llevaron a ser nominado para el Nobel de la Paz, y ahora permitiendo la ejecución con inyección letal contra el reo Clarence Ray Allen, un anciano de 76 años que estaba ciego, sordo, minusválido, padecía diabetes que había sufrido un ataque al corazón y que se le reanimó para llevarlo en silla de ruedas al corredor de la muerte y asesinarlo, todo ello después de 25 años en prisión.

Amnistía Internacional se felicitó por el importante paso dado en Estados Unidos en 2005 al aprobarse frenar las ejecuciones de menores de edad, y ahora se pensaba que podía haber clemencia por parte del Gobernador de California al tratarse de un anciano muy enfermo y minusválido. No la habido. Schwarzenegger se ha superado al permitir la ejecución en San Quintín de un anciano, un auténtica salvajada que está siendo duramente criticada fuera y dentro de los Estados Unidos. Paradójicamente, un día antes del ‘crimen de estado de Ray Allen, el Gobernador de California rindió homenaje a Martín Luther King, el gran defensor de los derechos civiles, paradigma de la no violencia y luchador infatigable contra la pena de muerte que ahora aplica implacablemente el máximo mandatario de Califormia.

¿Hasta cuando una democracia como la estadounidense seguirá dando cabida a un anacronismo del medievo como es la pena de muerte?

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