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El 15 de julio de 1987, U2 llegaba por primera vez a España, aquel memorable concierto del Santiago Bernabeu fue la más grande manifestación musical que quien suscribe haya visto jamás. Dieciocho años después, en el reciente concierto ofrecido por la banda irlandesa en Madrid, Bono volvía a recordar con nostalgia el mencionado concierto: "Siempre llevaré aquella noche en el corazón", dijo. Muchos nos enganchamos a U2 justo en la mitad de la década de los ochenta; en apenas tres años habían editado October, Boy y War, y se habían lanzado a su primera gira americana, con posteriores conciertos en Europa, aquella gira quedo plasmada para la posteridad en otro vinilo de lujo que fue Under Blood Red Sky. Lo mejor estaba por llegar. Entre mayo de 1984 y ese mismo mes de 1985, Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen, sentaron las bases de su carrera. Se encerraron en Slane Castle (un precioso paraje en las afueras de Dublin) y tras un productivo trabajo de varias semanas parieron The Unforgettable Fire, el que muchos consideramos el mejor disco de la banda y que incluía su primer gran himno pacifista Pride: In the Name of Love, todo un homenaje a la figura de Martin Luther King, a lo que representó y representa todavía.

Bono vomitó su rechazo angustiado al enquistado conflicto norirlandés en la gira que vino con posterioridad a la grabación de Slane Castle. El público norteamericano los acogió con los brazos abiertos; allí (EE UU), en Irlanda, en Alemania y también en España tenían sus más crecientes bolsas de seguidores (fieles). Por eso, resultó un jarro de agua fría el hecho que U2 no viniera a España en la gira de The Unforgettable Fire (1985). La espera fue larga, pero valió la pena, ese 15 de julio de 1987, Bono lideró el concierto más grande jamás visto, el que él mismo no olvida y siempre recuerda, el concierto del Bernabeu, en Madrid, con 110.000 personas absolutamente entregadas que previamente nos habíamos calentado con teloneros de lujo como Big Audio Dinamite (Paul Weller-The Class), UB 40 o Pretenders. Habían sido muchos años de espera y de una magnífica producción musical que culminó en el disco que justificó aquella tercera gira: The Joshua Tree, un trabajo que incluía otros tres himnos para la posteridad: Where street have no name (un recuerdo a las víctimas de la hambruna en Etiopía, Bono estuvo medio año colaborando en este país, y la canción lleva el nombre de las barriadas de casas de cartón y tiendas de campaña, donde las calles no tienen nombre), I still haven’t found what I’m looking for y, por supuesto, With or Without (dos historias sobre la complicación de las relaciones de pareja). Precisamente, aquella noche mágica, cuando Bono terminó de cantar Where street have no name fue cuando Bono se hizo aquella famosa pregunta-respuesta en público: ¿Por qué no hemos tocado antes aquí?… realmente, no lo sé

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Han pasado cerca de veinte años desde entonces, y U2 no se volvió a olvidar nunca más de España. Entre 1992 y 1993, cuatro conciertos, en San Sebastián, Barcelona, Madrid y Oviedo. Fueron los conciertos de Zoo Station, del Achtung Baby y Zooropa, discos de transición. Luego, en 1997, la gira Pop Mart arribó en Madrid y Barcelona, tiempos de espectaculares puestas en escenas, de producción musical en horas bajas, y de conciertos en donde el alma seguía situada en los tiempos de Joshua Tree y Unforgettable Fire.

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El caso es que U2 volvió a sus orígenes y muchos nos sentimos aliviados cuando en 2001 pudimos escuchar los temas de All That you can’t leave behind, un brillante reencuentro con la esencia de U2 que ahora ha quedado refrendado con Vértigo. Si el concierto del 15 de julio de 1987, en Madrid, fue muy especial, no lo fue menos el que tuvo lugar el 8 de agosto de 2001, en el Palau Sant Jordi, de Barcelona. La gira se programó para recintos cerrados y en España sólo aparecieron por Barcelona. Un ambiente excepcional, por el tipo de escenario, y también porque aquel día era el cuarenta cumpleaños de The Edge. En solo cuatro horas se agotaron unas entradas que se cotizaron muy alto en el mercado negro y que eran el salvoconducto a un espectáculo mágico de una maravillosa noche de agosto a orillas del Mediterráneo. Bono cantó Spanish Eyes, cargó con dureza (a través de Bullet the Blue Sky) contra los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) que son, para más señas por si algún despitado no lo sabe, los cinco mayores productores de armas del planeta, y cerró concierto con otro de esos temas para la reflexión: Walk on.

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Y como siguiendo ese particular ciclo olímpico de cuatro años, U2 se volvió a encontrar con el público español en este verano de 2005, y lo hicieron con Vértigo, a lo grande, con dos cojones, como dijo Bono en referencia a la entrega del público madrileño. No faltó de nada, ambiente increíble, con dos generaciones de seguidores conviviendo sobre el césped del Vicente Calderón. How to dismantle an atomic bomb, título de su último album, indica bien a las claras por donde van los tiros. Bono ya no enarbola la bandera blanca por los escenarios de medio mundo, pero trabaja más que nunca, desde la madurez y experiencia, por esas mismas causas que, junto a su música, nos llevaron a muchos a seguir con pasión a este grupo a lo largo de los años. Ahora, Bono sabe que no basta con los gestos, que son importantes, pero hacen falta más cosas, por ejemplo, conseguir que se abran las puertas del infierno para que sus moradores puedan ser persuadidos. Los conciertos de Vértigo son otro alegato en favor de la paz, de la lucha contra la pobreza, de la lucha por los derechos humanos y, lo más importante, son un alegato en favor de la tolerancia entre las tres religiones monoteístas más importantes del mundo: cristianos, musulmanes y judíos. Aprovechó el líder de la banda irlandesa los acordes del Sunday Blody Sunday para acordarse de las víctimas de los salvajes atentados de Madrid, hace año y medio, o de los más recientes de Londres. De Madrid, al cielo… dijo un Bono ataviado con una cinta en el pelo donde se podía leer la palabra COEXIT, la misma palabra que apareció una y otra vez en las pantallas gigantes del estadio, y que hacia referencia a la necesidad de lograr que cristianos, musulmanes y judíos coexistamos… no hay otra salida. En los ochenta, U2 propugnaba la coexistencia como la única salida posible al conflicto armado entre católicos-irlandeses y protestantes-unionistas, en el Ulster… el tiempo ha demostrado que esa era la fórmula y no otras que algunos radicales se empeñan en aplicar en conflictos con algunas semejanzas, como es el caso vasco.

Dicho lo dicho, si Bush o una bomba atómica iraní no desmantelada no lo impiden, dentro de cuatro años deberemos volver a encontrarnos con U2, algo más mayores todos, ellos y nosotros, eso sí, pero con la misma fuerza interior y con el mismo grado de inconformismo ante las injusticias que ahora. Por cierto, ¿a qué esperan en Noruega para darle a Bono el Premio Nobel de la Paz?…, no hay tiempo que perder…

Nota del autor: Las entradas que se adjuntan en este reportaje, son originales de todos y cada uno de los conciertos dados por U2 en España desde 1987 hasta 2005