LA GLOSA

Recién salido del trabajo, algo cabreado, en este nuevo día de calor asfixiante, este madrileño en el exilio quiere compartir esta pequeña y humilde reflexión sobre el nexo existente entre la alta política y el deporte como negocio-espectáculo. No descubro América si digo que lo anglosajón domina el mundo y por eso, no hay más donde rascar, Londres se ha llevado los Juegos Olímpicos de 2012.
Son los Juegos de Tony Blair, un político inteligente que está sabiendo aprovechar a las mil maravillas el espacio europeo que hasta hace bien poco controlaban los ahora deprimidos Chirac (¡pobre hombre, vaya racha!) y Gerhard Schröder. La influencia y poder anglosajón ha quedado bien patente con lo que ha pasado en Singapur y con lo que va a pasar en la cumbre del G-8, en Escocia.
Dicho lo dicho, recomendaría a Ruiz Gallardón que espere tiempos mejores, cuando entre las ciudades candidatas no haya ninguna de la Commonwealth, aunque este extremo es difícil.
Por cierto, en este marco geoestratégico, ¿qué coño hacía Alberto de Mónaco desembarcando a última hora en Singapur para poner palos en las ruedas a la candidatura de Madrid?… me lo expliquen.