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MANUEL CASTELLS es sociólogo y profesor de la Universidad de Berkeley

“Lo acontecido en Nueva York provocará el inicio de una guerra de nuevo tipo”

“Será una guerra larga y cruenta, con múltiples expresiones en muchos lugares”

“El ataque a Estados Unidos ha sido un golpe decisivo al desarrollo de la era de la información en su vertiente creativa”

El sociólogo Manuel Castells.

El sociólogo Manuel Castells.

ENTREVISTA |Berkeley-California

El sociólogo y pensador albaceteño analiza el controvertido cambio de milenio. Castells reflexiona en voz alta sobre el nuevo orden mundial que comienza a consolidarse tras el reciente septiembre negro de 2001. La guerra-red, la nueva económica, la sociedad red, la era de la información, el movimiento antiglobalización, la situación del País Vasco, la experiencia pionera de la UOC donde él imparte docencia, además de Berkeley, son cuestiones, entre otras, abordadas por esta mente lúcida del siglo XXI.

Para la Sociedad y la Era de la Información, la trágica mañana del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, marca un antes y un después. Una de las mentes más lúcidas del nuevo milenio, el profesor Manuel Castells, así lo cree. “Lo acontecido en Estados Unidos marca un giro en las relaciones internacionales porque provoca el inicio de una guerra de nuevo tipo, una guerra que será larga y cruenta y con múltiples expresiones en muchos lugares. El ataque a Estados Unidos ha sido un golpe decisivo al desarrollo de la era de la información en su vertiente creativa”, explica.

Manuel Castells habla abiertamente de guerra, sin opciones, manejando un término bien conocido como es la netwar (guerra de red) que bautizó la Rand Corporation en 1995 y que ahora regresa con fuerza. “La guerra de red es una guerra practicada, de la que ya ha habido varias manifestaciones y de las que habrá muchas más”, dice Castells. ¿Soluciones?… complejas porque el enemigo es difuso. El profesor albaceteño asegura que: “Al terrorismo de redes se le combate con actividades de inteligencia y con represión policial y militar a los nodos de esas redes. A las causas de donde surgen hay que tratarlas mediante la tolerancia y el respeto de todas las culturas, la instauración garantizada de un Estado Palestino y, a mayor alcance, un plan de desarrollo global que aproveche la nueva economía y la revolución tecnológica para incorporar a los segmentos excluidos del planeta”. Según Manuel Castells, “todo esto es posible, pero falta interés en hacerlo”.

Natural de la localidad albaceteña de Hellín, actualmente reside y ejerce docencia de manera plena en Barcelona como profesor de la UOC (Universidad Abierta de Cataluña), compartiendo dicha docencia con la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, de París, y como catedrático de esta misma especialidad en la prestigiosa universidad norteamericana de Berkeley. Los muchos años de residencia en Estados Unidos le hacen comprender todavía mejor a esta ciudadano universal lo que ha pasado y está sucediendo en su país de adopción. En este sentido, destaca que: “Me siento profundamente solidario con el pueblo americano del que, en cierto modo, también formo parte, aunque ahora viva en Barcelona. Siento que se atacó a Estados Unidos porque es un poco el símbolo de nuestra civilización, de la que todos disfrutamos. Y los que no pueden aspiran a hacerlo. Es hipócrita pedir constantemente ayuda a Estados Unidos cada vez que tenemos un problema en Europa (Bosnia, Kosovo, etc) y luego considerar que el bombardeo de Nueva York y Washington en su problema. No es su problema, es el problema de todos, de toda la humanidad, y no solo de occidente. El fundamentalismo y el terrorismo nos amenazan a todos y Estados Unidos no es el superpoder que dicen porque ante esta amenaza todos somos vulnerables, también los americanos”. Y llegados a este punto, Castells insiste en la resolución de un conflicto que es clave para reestablecer unas relaciones internacionales consistentes: “Hay que obligar a Israel a reconocer un Estado Palestino y vivir en paz con él, pero el fundamentalismo va más allá de todo esto, va a las raíces del modo civilizado de vivir, tanto en occidente como en oriente”.

Atentados del 11S de 2001 en Nueva York.

Atentados del 11S de 2001 en Nueva York.

Es de la opinión este pensador que la identidad humillada y el menosprecio cultural y religioso al islam por los poderes occidentales conduce a la resistencia, al llamamiento a la guerra santa entre los fundamentalistas. Guerra de red por un lado, guerra santa por otro, dos conceptos que se complementan y que tienen por objeto la destrucción de las instituciones políticas y económicas de los Estados Unidos y también de Europa. Según Castells, en todo este conflicto nos movemos en tres niveles: el primero, la desarticulación de las redes fundamentalistas islámicas terroristas; el segundo, la prevención de la reconfiguración de estas redes, y finalmente, evitar la reproducción. En un artículo publicado en el diario El País durante los días siguientes a los atentados de Nueva York y Washington, Manuel Castells resumía que: “(…) nuestra organización económica y social, y nuestras instituciones políticas, han engendrado el fenómeno que hoy tenemos que combatir, incluido Bin Laden que aprendió con la CIA. En el largo plazo, necesitamos absolutamente reformar en profundidad nuestro mundo, superando la exclusión social y la opresión de las identidades. En el corto plazo, estamos en guerra”.

Euskadi tiene derecho a autodeterminarse”

“El futuro de España sólo puede ser de estado federal plurinacional como nodo de un estado red europeo interdependiente

Y dentro de este contexto global de terrorismo y fundamentalismo disperso por todo el planeta, en el territorio de la UE, el país que sufre con mayor intensidad la lacra terrorista es España. Manuel Castells reflexiona en Lamusa sobre el conflicto vasco: “Euskadi tiene derecho a autodeterminarse, y probablemente no escogería la independencia, como no la escogió Québec cuando pudo. Pero ETA aleja de esa posibilidad con sus acciones terroristas, injustificadas e injustificables”.

Dentro del laberinto vasco, Castells da una importancia fundamental al papel que debe jugar el PNV y se muestra crítico con la política vasca del Gobierno Aznar: “El futuro de España sólo puede ser de estado federal plurinacional como nodo de un estado red europeo interdependiente. Sin el PNV no habrá estabilidad ni paz en Euskadi. De momento, el nacionalismo español es tan intransigente como el nacionalismo vasco radical y mucho más radical (el español) que el nacionalismo vasco que representa Ibarretxe”. Considera clave Castells que la sociedad española y vasca adquiera la madurez necesaria para llegar entre todos a una situación similar a la de Canada, donde la violencia no tiene cobijo y donde democráticamente se ha decidido, en más de una ocasión, sobre el futuro de la provincia francófona de Québec y siempre, desde las urnas, en contra de la secesión de Canada. Para llegarse a ese grado de madurez, el profesor estima que es fundamental un cambio en las actitudes políticas del Gobierno español, ya que las actuales no favorecen, en absoluto, a la reconducción positiva del conflicto.

El movimiento antiglobalización tiene el mérito de haber abierto un debate social y político sobre formas y contenidos

Retomando la crisis que se plantea desde el septiembre negro de 2001, Manuel Castells considera básico para entender y solucionar el problema huir del totum revolutum y centrar la cuestión, ir a la raíz, al origen del conflicto. Ha sido y es una irresponsabilidad abordar la crisis como un choque de civilizaciones, como también lo es “criminalizar” el movimiento antiglobalización por su oposición sistemática al modelo neoliberal que encabeza los Estados Unidos. Según Castells sería un error silenciar el movimiento antiglobalización aprovechando esta crisis, como están siendo un grave error los abusos de Israel, Rusia o China que quedan impunes a la sombra de la coyuntura internacional que nos envuelve. Define el profesor español la globalización como un “(…) proceso objetivo, no de una ideología, aunque haya sido utilizado por la ideología neoliberal como argumento para pretenderse como la única racionalidad posible. La globalización es un proceso multidimensional, no sólo económico”.

“El movimiento antiglobalización es variopinto, no se puede reducir a un solo componente –explica Castells- porque hay ecologistas, hay que gente que lucha contra la exclusión social en el mundo, hay anti-sistema, pero también hay proteccionistas de los privilegios del primer mundo contra la competencia de los países en desarrollo”. Para este estudioso, miembro del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Berkeley y autor, entre otras obras, de la trilogía sobre la Era de la Información, tratado fundamental para conocer las claves del presente y futuro de este mundo tan complejo, el movimiento antiglobalización es positivo y la famosa Cumbre de Génova fue un momento importante para su comprensión. Indica Castells que: “Es un movimiento global (articulado en Internet) que practica la política mediática y que despierta un eco favorable en amplios sectores de la ciudadanía”.

“El gran mérito del movimiento antiglobalización –comenta Manuel Castells- es que ha puesto sobre el tapete un debate social y político sobre los contenidos y formas de la globalización. Es un principio de establecimiento de un sistema de negociación y adaptación adaptado a la economía global”.

Y en este sentido, el movimiento antiglobalización o el neointernacionalismo tiene una especial sensibilidad por atajar el problema del cuarto mundo. Manuel Castells explica que: “El cuarto mundo incluye a aquellos sectores de la sociedad, en los países pobres y en los países ricos, que no tienen interes para el sistema, ni como productores, ni como consumidores, ni como votantes, ni como clientes. Por tanto, pueden ser ignorados, excepto por razones humanitarias”. Dentro de este contexto, del autor de la Era de la Información, observa que “la legitimidad de la defensa de los derechos humanos entre la ciudadanía del mundo es mucho mayor que la legitimidad de los estados-nación como titulares de los derechos políticos del ciudadano”.

No cree Manuel Castells que el capitalismo pueda agonizar de éxito porque: “El capitalismo tiene contradicciones sociales y económicas profundas, como todos los sistemas de organización social. Pero también ha demostrado una flexibilidad, adaptabilidad y capacidad evolutiva muy superior a la de cualquier otro sistema social. Lo cual no quiere decir que sea mejor o peor, en abstracto, sino que es más duradero y más maleable, por tanto puede evolucionar en sus formas sin descomponerse, a diferencia del estatismo”.

La UOC es un proyecto extraordinariamente innovador

En la Era de la Información, Manuel Castells construye una teoría social analizando los cambios sociales que se están produciendo en la sociedad de la red. Explica este profesor sobre esos movimientos sociales que son: “Una acción colectiva consciente cuyo impacto, tanto en el caso de la victoria, como de la derrota, transforman los valores y las instituciones de la sociedad”. “Este es nuestro mundo mundo, estos somos nosotros, en nuestra pluralidad contradictoria, y esto es lo que tenemos que endender, incluso para afrontarlo y superarlo”, destaca en la segunda entrega de su triología.

Estudioso de la sociedad de la red, amante de Internet, Manuel Castells forma parte de la experiencia pionera de la UOC, la Universidad Abierta de Cataluña, una universidad virtual, instalada en la red. “Es un proyecto extraordinariamente innovador que trata de llevar a la educación universitaria a un sistema plenamente basado en Internet sin perder la calidad de la enseñanza y manteniendo la dimensión investigadora que requiere toda universidad digna de ese nombre. Yo estoy en la UOC para potenciar el Internet Interdisciplinary Institute (IN3) como instituto de investigación sobre las distintas dimensiones asociadas a los procesos y efectos sociales y económicos de las tecnologías de la información y comunicación, al más alto nivel de excelencia internacional”.