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El ritmo de la cancha.

Necesito más caracteres de los que me otorga Twitter y razonablemente Facebook para recomendar como Dios manda un libro que cayó en mis manos, fruto de un regalo de una persona que comparte con servidor las dos pasiones sobre las que pivota el libro en cuestión: baloncesto y periodismo, y que no es otro que: ‘El ritmo de la cancha, historias del mundo alrededor del baloncesto’. El autor es el periodista Jacabo Rivero, con prólogo de José Ajero y Ángel Goñi, editado hace solo un par de meses por ‘Clave Intelectual’. Con suma exquisitez, Jacobo utiliza el hilo conductor de trece historias de baloncesto para hablar de historia, política, compromiso y solidaridad. La lectura ha coincidido precisamente con los Juegos de Londres y con esa flamante plata lograda ante los Estados Unidos, y curiosamente el libro de Jacobo arranca explicando la mentira que fueron los Juegos nazis de Berlín en 1936 y como un siniestro dirigente estadounidense (Avery Brundage) embaucó a jugadores y técnicos para participar en aquella pantomima de propaganda nazi. Siguiendo aquel esperpento estuvo el propio Naismith (inventor del baloncesto). Atletas de raza negra como Jesse Owens o jugadores judíos de aquella selección de baloncesto como Sam Balter no fueron precisamente tratados con cariño en aquel ambiente hostil del Berlín de 1936, ni tampoco a la vuelta en su propio país que tardó en entender lo que Hitler estaba maquinando en Alemania.

El libro de Jacabo transita por los cinco continentes y te descubre personajes, sucesos, lugares, canchas inolvidables. He comprendido con su lectura lo que es y representa el baloncesto de Bahía Blanca, en Argentina, y me he reencontrado con la mítica cancha de Rucker Park, en Harlem, a través de la cual nos cuenta dos historias humanas de trabajo, superación y éxito o  fracaso. Dos casos reales los de Earl Manigault y Jim Carroll que a su vez me proporcionaron la posibilidad de volver a leer el magnífico reportaje que Gonzalo Vázquez hizo sobre la muerte de Len Bias, dos noches después de ser elegido número uno del Draft por los Boston Celtics.

Pero sobre todo me he reencontrado con el baloncesto ‘plavi’ de los 80 y los 90, con aquel que tocó el cielo que nos cautivó y enamoró, pero que fue víctima de la sinrazón, la política y la guerra más cruenta. Para contar aquella locura, Jacobo Rivero elige fuentes magníficas como Samir Avdic (Unicaja), miembro de aquel equipo de héroes bosnios que rompieron el cerco serbio de Sarajevo para en la primavera de 1993 poder llegar jugar el Europeo de Alemania. Y todo gracias al empuje, compromiso y gran corazón de Mirza Delibasic que quiso lanzar al mundo un grito de auxilio a través de aquella selección talentosa a la par que desarrapada.

Como grito desgarrado de compromiso también fue el de la jugadora estadounidense Toni Smith, de la progresista Universidad de Manhattanville (Nueva York) que tomó la decisión durante al temporada 2002-2003 de dar la espalda a la bandera norteamericana y bajar la cabeza durante la interpretación del himno en todos y cada uno de los partidos que su Universidad jugó aquella temporada. ¿Motivo? protestar contra la reacción del Gobierno de George W. Bush a los atentados del 11S (Ley Patriótica) que acabó con la ignominia de la Guerra de Irak. Toni Smith que siempre tuvo el apoyo de su entrenador y de su Universidad tuvo que soportar amenazas de muerte en numerosos partidos y todo tipo de vejaciones por parte de la derecha más reaccionaria, esa que hoy se agrupa entorno al Tea Party. Y precisamente en esa órbita del Tea Party se encuentra el también mítico Coach K (Mike Krzyzewski) al que la USA Basketball, tras el fiasco del Mundial de Japón que ganó España, le encargó armar un equipo competitivo para las siguientes citas internacionales: mundiales y juegos olímpicos (Pekín y Londres). Krzyzewski montó su estrategia a partir de principios militares de servicio a la patria. Asesorándose y trabajando codo con codo con el senador republicano y ex-combatiente en Vietnam John McCain, al que Coach K apoyó en la campaña de las presidenciales contra Obama, como cuatro años antes hizo desde Carolina del Norte con la reelección de Bush. Miembro de la derecha religiosa evangélica más reaccionaria, antiguo alumno de la academia militar de West Point, Krzyzewski, antagónico de Toni Smith, ha cumplido en Londres su última misión que va mucho más allá de un partido de baloncesto y una medalla de oro.

PD: El libro ‘El ritmo de la cancha’ concluye con un anexo sobre ‘El periodista como parte de la comunidad deportiva’, con algunas reflexiones de enorme interés que merecen un nuevo post… eso será cualquier día de éstos.