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lis-gaibarDecía Kapuscinski que, salvo por el nombre geográfico, África no existe. La definía como “un cosmos heterogéneo de una riqueza extraordinaria” y justificaba esta afirmación por su enormidad, por la multiplicidad de culturas, lenguas, etnias y costumbres que conviven en ella. Eso a lo que llamamos África abarca más de 30.000.000 km2, agrupa 55 estados y en ella conviven más de mil millones de habitantes, ¿cómo va a ser África una? Más allá de lo difícil e incorrecto de simplificar tal vasta realidad, y ante lo que a mi juicio es una muestra más de nuestros modos generalmente pragmáticos, el problema reside en simplificarla mal. Y es lo que sucede a menudo con África: ya no sólo la hacemos una, sino que la hacemos una y pobre, parafraseando a Lola Huete.

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The true size of Africa by Kau Krause | Fuente: theEconomist

Leía el otro día un artículo en The Guardian en el que un periodista africano reflexionaba sobre este asunto. Contaba que estaba siendo entrevistado por una televisión polaca para analizar las posibles consecuencias del crecimiento demográfico en África. El documental había sido grabado en un barrio pobre de Uganda, con imágenes que mostraban la miseria de los vecinos: personas sin electricidad, sin agua caliente, con poca comida. Dice que en un momento dado de la entrevista, él tuvo el impulso de replicar al entrevistador si acaso en África todo era negativo:

¿Por qué buscar los ambientes más miserables para grabar y seguir propagando (…) África como la cuna de la pobreza y los problemas?

Lo cierto es, y el propio autor lo manifiesta en su artículo, que las imágenes no eran fabricadas. Por supuesto, la miseria en África existe. Pero también existe la política, existen los avances médicos y tecnológicos, los logros y las iniciativas y existen historias personales. En el I Encuentro de Periodistas España-África que se celebró en Madrid el pasado otoño, una treintena de profesionales de la comunicación coincidieron en afirmar que en España se está escribiendo más y mejor que nunca sobre África, en parte por la aparición de nuevos medios o iniciativas especializadas en el continenteAfricaye, Mundo Negro, MuzunguTV, África no es un país, GuinGuinBali, Wiriko, Revista 5W, Mujeres por África– y en parte por la accesibilidad que Internet permite a información y expertos; pero también señalaban que aún queda un largo camino por recorrer, especialmente en los medios tradicionales.

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Fotografía de una zona rural de Ruanda

Pero, ¿por qué es importante informar bien de África? Por puro rigor informativo. Y por respeto. Presentar una imagen negativa de África repercute negativamente en los propios africanos, y a menudo no hacemos justicia a sus realidades. Pero por otro lado, entiendo que no se informe correctamente de África. África, por su magnitud y su heterogeneidad, no es fácil de abordar. Más aún cuando para la mayoría de medios se trata de un continente alejado y poco accesible, ya que todavía hay pocos corresponsales de medios españoles. En el congreso mencionado anteriormente, Javier Marín, delegado de la Agencia EFE en África Subsahariana, declaraba que “sí que hay cada vez más periodistas interesados en África, pero las condiciones no les permiten vivir en el continente durante mucho tiempo; estamos mejorando por el empuje de los periodistas, no por el soporte de los medios”. Ante este panorama, la solución pasa por aquello que parece obvio en esto del periodismo: si es imposible acceder al terreno –o al tema– deja que los especialistas te acerquen a él. Y esta es la reivindicación de muchos informadores y organizaciones: es necesario integrar voces y expertos africanos en el proceso informativo, así como colaborar con periodistas o medios del continente.

No soy ninguna entendida en África, ni mucho menos. Soy crítica con mis conocimientos y necesito conocimientos para ser crítica. Investigo sobre Ruanda, pero no tengo tanta información ni tanta experiencia; y el principal handicap es que no estoy ahí. Me interesa la actualidad de un país en concreto y trato de documentarme de lo que sucede en él, pero no es sencillo. Internet tiene una gran cantidad de información, pero no siempre resulta fácil determinar cuál es acertada.

Pongo un ejemplo de ello, un ejemplo de por qué debemos hacer justicia a aquello sobre lo que escribimos. Sigo por redes sociales a una asociación española que desarrolla acciones solidarias en una zona de Ruanda. Y contaban que iban a trasladar a un niño albino a un colegio del sur del país por miedo a que pudieran secuestrarlo y venderlo en algún otro país africano “para matarlo y usarlo en ritos de brujería”. Hablando con una persona que habitualmente reside en el país, me comentaba lo incorrecto de estas palabras. Me decía que en Ruanda no es nada común ningún ataque a los niños albinos. De hecho, que Ruanda sea el único país de África Oriental donde la pena por este tipo de crímenes es la cadena perpetua se debe, precisamente, a que no se enfrentan al mismo peligro que en otros países africanos, donde el castigo se agrava: pena de muerte.

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Un niño albino juega con sus compañeros y los voluntarios

Sí es necesario informar bien y no dejarse llevar por los estereotipos. Yo no sabía que Ruanda es uno de los países con mayor igualdad de género del mundo ni hubiera imaginado que es el país con más escaños ocupados por mujeres en el parlamento. Tampoco sabía de la existencia de los Principios de Kigali ni conocía acerca del esfuerzo que se está haciendo para utilizar drones con el fin de transportar sangre a zonas remotas del país.

Si existe África, no es como nos la cuentan.

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