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Un diputado de ‘Izquierda Plural’ se dirige al atril. | Foto: Ángel Díaz

Esto no es un sesudo artículo de opinión, no es una crónica de una jornada negra, no es un editorial, ni un post multimedia trufado de brillantes hiperenlaces, y por supuesto que no es un texto académico, no pretende ser nada eso, simplemente se trata de un vómito para reflejar un estado de ánimo, un grito de ira, una forma de desahogo. Hablo a título personal, como siempre lo he hecho en este blog (ahora dejado de la mano de Dios por el exceso de trabajo) que abrí hace ya unos cuantos años como un espacio de libertad. Pues bien, hoy necesito utilizar este espacio, quitarle las telarañas, es una necesidad vital, estoy cansado, muy cansado, pero debo gritar y quiero gritar: ¡Hijos de Puta! 

El escupitajo tiene destinatario claro: todos esos diputados que aplaudieron a Rajoy mientras leía sin parar esa lista ignominiosa de recortes que cercenan definitivamente el Estado del Bienestar que tanto sudor y lágrimas costó construir a lo largo y ancho de los dos últimos siglos. Sus señorías son unos ‘Hijos de Puta’ (y sus madres no tienen culpa) porque tras esos aplausos hay dramas humanos. Los miles de dramas humanos que implica una brutal subida de impuestos, los miles de dramas humanos que implica reducir las prestaciones por desempleo, los miles de dramas humanos que provocará el hachazo a la función pública. Ustedes, especialistas en la manipulación y perversión del lenguaje, se han encargado durante los últimos tiempos de generar una vil campaña de desprestigio de la función pública. Bajo el paraguas del término ‘funcionariado’ han construido un discurso falaz y ejerciendo un populismo lamentable han conseguido enfrentar a sus sectores más ‘hooligans’ con quienes ejercen, ejercemos, la función pública.

No nos engañemos, la crisis es la excusa perfecta, su señorías se mueven como pez en el agua en una ‘tormenta perfecta’ que les están permitiendo desmantelar el sistema público. En el sistema público trabajan, trabajamos, funcionarios y no funcionarios, contratados a tiempo completo e interinos, gente de todo pelaje, sueldo y condición, en muchos, muchísimos, casos en condiciones más que precarias. La función pública engloba una maraña de trabajos, oficios y profesionales: maestros (que seguramente no habrán educado a los niños de sus señorías porque ustedes habrán pagado colegios privados o se habrán beneficiado de los conciertos con la Iglesia Católica),  los médicos, enfermeras y auxiliares que les sacan de un apuro en el Hospital más cercano, los bomberos que les apagan un fuego, los policías y guardias civiles que les protegen, los jueces que a veces les juzgan por corruptos, etc, etc. Y también hay miles de administrativos que trabajan en los ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y en las administraciones del Estado. Todo eso y mucho más es la función pública, una de las columnas vertebrales del país, y como tal hay que cuidarla, organizarla bien, conseguir que sea productiva y eficaz, gestionarla con eficiencia evitando el fraude. Ustedes, en cambio, han optado por la poda indiscriminada.

En mayo de 2010… un supuesto Gobierno socialista inició el proceso que ahora se culmina. Seguramente sus señorías tengan planes de pensiones, incluso inviertan en bolsa, su patrimonio en ningún caso, tal y como se puede comprobar en los documentos oficiales del Congreso, es para pasar apreturas a final de mes. Ustedes no tienen ni puta idea de lo que es eso. Tienen sus casas, dineros, coches, dietas, buenos sueldos, asesores, etc. Vamos que a ustedes le quiten una paga extra se la suda. Pero al resto de los mortales no. Ustedes se han distanciado tanto, tanto, tanto del resto de los mortales que no saben el alcance real, en las economías reales de la gente real, de las medidas que han aprobado y aplaudido hoy. Una mierda de paga extra en la vida real es sobrevivir a la hipoteca, solamente eso: sobrevivir.

Llevo trabajando muchos años en la función pública, pero también he trabajado muchos en la empresa privada. Quien me conoce sabe bien que no escatimo en horas de trabajo, en jornadas eternas de gestión, docencia e investigación. Todavía, a pesar de ustedes, soy un enamorado de mi trabajo de profesor universitario, disfruto con mis alumnos, me siento un privilegiado. El 9 de mayo de 2010 me sentí traicionado, ultrajado, robado… ahora las sensaciones son similares. Nuestro IVA está ya entre los más altos de Europa, tenemos una presión fiscal de las más fuertes del continente, los precios son equiparables a los países más caros del mundo, pero nuestros salarios son míseros. Ustedes se han cargado el Estado del Bienestar, y están a punto de cargarse las clases medias, ahora mismo imposibilitadas para el consumo (no confundir con consumismo). Y mientras se estrangula a las clases medias, debemos convivir con el bochornoso espectáculo de la amnistía fiscal a grandes fortunas que han defraudado sistemáticamente o debemos convivir día tras días en comunidades autónomas como ésta (la valenciana) con una estirpe de corruptos que ocupa dos tercios de la bancada del PP en las Corts.

La crisis del capital la estamos pagando los eslabones más débiles del sistema. Y mientras eso sucede, ustedes le hacen el trabajo sucio al sector financiero, siempre con el incondicional apoyo de sus mamporreros mediáticos. Y todo eso pasa el día en que un puñado de mineros, cargados de solidaridad, compromiso, compañerismo y necesidad de supervivencia, han conseguido movilizar a España. Ellos deben convertirse en un referente. Ustedes, señorías, son todo lo contrario, son un problema que está generando una peligrosa confrontación en este país. Ustedes, palmeros, los que aplaudieron en el Congreso de los Diputados al discurso de su jefe, ustedes son solamente unos pobres hijos de puta.